Desde el fénix

José Ramón Del Río

A la espera

DE todos los problemas que tiene planteados este país, que no son pocos, uno de los más importantes, si no el que más, es el de las consecuencias que produzca la sentencia del Tribunal Constitucional, resolviendo los recursos de inconstitucionalidad interpuestos por el PP, el Defensor del Pueblo y dos comunidades autónomas. Los demás problemas que tenemos son internos, pero éste puede actuar como una fuerza centrífuga, porque si se resuelve que, junto a la nación española, puede existir una nación catalana (como así la ha definido el Parlamento catalán y aunque esta definición no pase del preámbulo del Estatut) que tiene su bandera, himno y fiesta propios y constituya un deber conocer el catalán, se habrá dado un paso muy importante para la fractura de la nación española.

Lo peor estriba en que el problema lo hemos creado nosotros mismos, o, por lo menos, lo hemos impulsado. Recordemos que, antes de leerlo, el presidente Zapatero adelantó que el Estatut sería aprobado tal y como viniere de Cataluña. Daba igual que no fuere a él a quien correspondía su aprobación y que no es prudencia política dar un cheque en blanco. Después, interpuestos los recursos, vinieron las advertencias. Así, Artur Mas dijo que Cataluña saldría a la calle sí el TC tocaba una sola coma del texto, porque éste había sido aprobado en referéndum por el pueblo de Cataluña (en el que voto menos del 50% del censo) y añadió, haciéndose el simpático, que Cataluña es una nación y no una más del café para todos. Luego todos los periódicos que se editan en Cataluña publican un editorial conjunto que titulan La dignidad de Cataluña y que colocan en que el TC no rebaje el Estatut, aunque el editorial sí que rebaja la legitimidad del Tribunal, recordando a sus miembros que sólo seis de los doce están fuera de percance o prorroga. Y, de nuevo, el presidente Zapatero mete baza y acaba de decir que si tuviere que votar hoy el Estatut, lo votaría "con el mismo convencimiento sobre su constitucionalidad". Le sobra, pues, el TC.

Como se derogó la posibilidad de suspender la aplicación de leyes recurridas de inconstitucionalidad, pueden ocurrir dos cosas: una, que habrá que derogar todas las leyes dictadas por el Parlament que desarrollan artículos que sean declarados inconstitucionales, y otra, que nos afecta, porque 42 artículos de la reforma de nuestro Estatuto de Andalucía se han copiado de artículos recurridos del catalán. Después de tanta polémica al TC se le ponen las cosas complicadas. Se ha dicho que deben sentirse como en el juego de las siete y media, donde, "el no llegar da dolor, pues indica que mal tasas y eres del otro deudor. Más ¡Ay de ti si te pasas! Si te pasas, es peor".

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