La ciudad y los días

Carlos Colón

Una esperanza llamada UPD

SERÍA importante que el 9 de marzo este país votara a un partido capaz de "recuperar el espíritu de la Transición y representar a la tercera España, la que defendieron liberales como Gregorio Marañón en tiempos de la Segunda República", como ha dicho Rosa Díez. Lo malo es que la única posibilidad real de que esto suceda descansa en una imposibilidad también real: que el partido que ella y Fernando Savater encabezan, Unión, Progreso y Democracia (UPD), ganara u obtuviera el suficiente número de votos para convertirse en la tercera fuerza política española. No será así, me temo. Aunque cabe esperar que logre una representación parlamentaria que sea la semilla a partir de la que crezca con vistas a las elecciones de 2012.

Al escribirla, esta fecha me ha sonado a ciencia-ficción; y algo de ciencia ficción (vertiente pesimista) tiene esperar que, tal y como están las cosas, este país entre en razón. Ha crispado demasiado el PP, y el gallardonicidio (o gallardonisuicidio) del pasado martes ha dejado claro que su línea no va ser precisamente moderada. Ha cometido demasiados errores, y demasiado graves, el PSOE; entre ellos los que tienen que ver con cuestiones esenciales como el terrorismo o las aspiraciones nacionalistas. Presos de sus errores, la única salida que ambos parecen haber encontrado es insistir en ellos, en vez de corregirlos; ahondar el abismo que los separa, en vez de buscar el consenso en los grandes temas de Estado, y exigir adhesiones inquebrantables internas (considerando deslealtad la crítica) y externas (demonizando al adversario y apelando al voto acrítico).

En esta situación, es reconfortante recordar lo que UPD decía en su Manifiesto Fundacional: "No creemos que nadie esté obligado a votar siempre lo mismo o a resignarse a las opciones políticas vigentes, cuando ya le han decepcionado anteriormente. Ser considerados de izquierdas o derechas no nos parece el centro del problema, aunque nos apiadamos cordialmente de quien carece de mejores argumentos para descalificar al adversario. En realidad, ni la izquierda ni la derecha son ideas platónicas, invulnerables al paso del tiempo y a los cambios sociales. Cuando hablamos de izquierda o derecha no estamos refiriéndonos a la Guerra Civil, ni a la Segunda Guerra Mundialý sino a los muy concretos partidos que se ponen esa etiqueta en el día de hoy. (ý) Nosotros preferimos hablar de progresismo en vez de izquierda o derecha. Ser progresista es luchar contra las tiranías que pisotean la democracia formal, así como contra la miseria y la ignorancia que imposibilitan la democracia material".

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