Las dos orillas

josé Joaquín / león

Los espías majaretas

Aeste buen hombre Snowden, que se pasó de los EEUU a Rusia (y ahora avisa a la humanidad espiada), lo único que le falta ya es salir en Carnaval con una chirigota llamada Los espías majaretas. Pero lo cierto es que ahora todo el mundo se siente espiado, por culpa de sus denuncias. Y algunos hasta se lo inventan, para no parecer mindundis. Ser espiado es cosa propia de personalidades como Angela Merkel y otros de mucho rango. De modo que los embajadores de Obama (ese muchachito bueno y democrático, que lavaría la imagen de los yanquis malos) han sido llamados a consultas por los gobiernos europeos. Nada se sabe de lo que hablaron, ni quienes fueron los últimos en enterarse.

El espionaje existe desde los tiempos de Adán y Eva. El mismísimo Dios tuvo que dar un vistazo a esos dos, que ya estaban cogiendo manzanas y montando un complot con la serpiente, desde el minuto 1 del paraíso. Significa que el espionaje es imprescindible. Tiene mala prensa, es verdad. A casi todos les gusta practicarlo, pero no que se lo practiquen. Y, por supuesto, nadie lo debe hacer público. Nadie va a ser tan imbécil de decir: "Oye, Mariano, soy Barack, y te llamo para avisarte de que te estoy espiando". Porque el secreto y la astucia son requisitos básicos de los espías. Al igual que los buenos árbitros, un buen espía pasa desapercibido, y no se inventa las jugadas, como un Muñiz, porque se le vería el plumero. Y un espía con plumero va directamente a la nevera de los espías, junto a Snowden, la prima de Mata Hari y otros de ese estilo folclórico.

Lo peor que se puede hacer contra el espionaje es pedir que no haya espías. Esto es completamente absurdo. Te dirán que vale, que muy bien; y a continuación se pondrán a vigilar. Lo mejor contra el espionaje es el contraespionaje, como su propio nombre indica. Por eso, todos los países hacen como que no tienen espías oficialmente reconocidos, pero después los ponen a mirar a babor y a estribor. Las grandes superpotencias siempre han sido las que tenían a los mejores espías. Gracias a ellos se han perdido guerras y se han ganado otras. Así funciona el mundo.

También hay que decir, aunque sea políticamente incorrecto, que los buenos espías dan seguridad, porque se enteran de todo. Por eso, muchos y muchas registran teléfonos que no son suyos, como en la vida misma. Quienes más temen a los espías son los que tienen algo malo que ocultar.

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