La esquina

José Aguilar

Algo más que espías

LOS documentos desvelados hace meses por el portal Wikileaks sobre las guerras de Iraq y Afganistán tenían un gran valor: permitieron a la opinión pública conocer operaciones secretas, torturas y muertes de civiles. Suciedades, en fin, que la verdad oficial esquivaba deliberadamente. Esos papeles sirvieron a la causa de la libertad y la transparencia exigibles a las sociedades democráticas.

Los documentos de ahora, obtenidos por el mismo emisor y difundidos a través de varios periódicos influyentes, son mucho más numerosos, pero tienen poca entidad. Realmente, a través de ellos lo único que se deduce es lo ocupados que están los diplomáticos, cónsules y demás funcionarios norteamericanos en el extranjero y la incomodidad que se deriva de la revelación de conversaciones o informes privados. El contenido de estos cables, en cambio, no tiene mucho impacto.

Da la impresión de que los informantes quieren dejar constancia de sus méritos desplegando un activismo permanente en defensa de los intereses de su representado (el Gobierno de Estados Unidos) y poniendo por escrito cada paso que dan, cada contacto, reunión y gestión. Es bastante probable que en destino no dispongan de capacidad suficiente ni siquiera para leer tantísimo documento, que alguien se encargará, eso sí, de numerar y archivar (y otros de pasarlo a Wikileaks). Los papeles verdaderamente importantes seguro que circulan por una vía más segura.

Que a Berlusconi le gustan las fiestas con sexo, Cristina Fernández dependía enteramente de su marido, Evo Morales padece un cáncer de nariz, Sarkozy se enfada mucho, Irán es un peligro para Israel o en Pakistán parte del poder alienta a los talibanes no viene a descubrir nada nuevo. Que los diplomáticos hagan de espías y revelen lo que su Administración piensa de los jefes de Estado o de gobierno de los países donde están acreditados, incluso de sus aliados, genera enojos e irritaciones, pero no tiene por qué afectar gravemente a las relaciones entre mandatarios y, menos, entre naciones. Si éstas se basaran en la sinceridad, el mundo no podría funcionar. Igual que unas relaciones sociales que huyeran por completo de la hipocresía y las convenciones.

Lo más relevante y preocupante de estos papeles es cuando sus autores pasan de informar a actuar. Ahí, con frecuencia, traspasan los límites aceptables. Cuando presionan a ministros, jueces y fiscales, como han hecho en España en relación con la muerte de José Couso o la cárcel de Guantánamo, están interfiriendo en el funcionamiento de la Justicia de una nación soberana y bordeando la ley. Esta parte de las filtraciones de Wikileaks sí es grave. Nada más por ella podemos alegrarnos de las revelaciones.

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