desde mi córner

Luis Carlos Peris

Los estadios y su mala educación

Contra Cristiano no hay homofobia ni xenofobia sino bastante de envidia y de temor a que bata a tu guardameta

CURIOSAMENTE, los que se rasgan las vestiduras por la grosería de las gradas con Cristiano Ronaldo dejan indemnes esas mismas vestiduras cuando susodichas gradas ponen en cuarentena, y a coro, la honorabilidad de la madre del árbitro. Veía la otra noche cómo esos vociferantes que hablan a la vez en las tertulias audiovisuales calificaban de homófobos y de xenófobos los coros insultantes contra el gran futbolista portugués -portugés escribían en los rótulos- y no tengo más remedio que discrepar. No hay homofobia ni xenofobia sino grandes dosis de envidia y muchas de miedo a que bata al portero local.

No quiero justificar esta corriente de agresividad contra el extraordinario futbolista, pero no puedo sustraerme a decir que el muchacho no pone demasiado de su parte para que dicho temporal amaine. Un tertuliano de los de la otra noche, con su habitual grandilocuencia, incitaba al futbolista a que abandonase la cancha y el partido, por tanto, se parase. Idea bastante peregrina que ni siquiera fue capaz de llevar a cabo el singularísimo Eto'o cierta noche en La Romareda cuando de la grada surgió la onomatopeya del grito del simio. Sólo falta dar ideas para que la Liga no acabe nunca, pues a ver qué grada de qué estadio está libre de pecado.

Sí comulgo cuando esta corriente de incivismo se achaca a un problema tan grave como el de la mala educación que impera en nuestra sociedad. Más grave aún que los insultos a árbitros y a ciertos futbolistas es abuchear el himno de cualquier país en los prolegómenos de un partido. Y todo nace de esa deficiente educación que se ha convertido en plaga insufrible. Pero plaga que abarca a todo el conjunto de una sociedad que no sabe adónde se dirige porque en realidad ha tiempo que dejó de saber de dónde viene. Y lo peor de todo, lo que peor nos deja a todos, es que ha de pasarle a uno de esos becerros que hogaño adoramos para que reaccionemos contra ese salvajismo.

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