José Manuel Menudo / Profesor De La Universidad Pablo De Olavide

El eterno problema de la competitividad

EL euro continúa batiendo marcas en los mercados de divisas internacionales. De hecho, esta semana su cotización ha llegado a subir hasta 1,60 dólares. Paralelamente, el petróleo de referencia en Europa ha seguido su escalada, con máximos intradiarios de 115,5 dólares. Se trata de dos datos que influyen en nuestra vida cotidiana, y lo hacen para mal.

Donde más se está notando esta coyuntura inflacionista es en la balanza de pagos. Los últimos datos disponibles corresponden a enero, pero ya se aprecia en ellos una drástica pérdida de competitividad. El desequilibrio exterior aumentó, alcanzando el déficit por cuenta corriente los 119.511 millones de euros. Esa cifra supone un incremento del 38% en relación con el mismo mes del año anterior, algo que ha debido llamar la atención en Moncloa, porque dos ministerios (Industria, Turismo y Comercio, por un lado, y Ciencia e Innovación, por otro) se han marcado el objetivo de mejorar la competitividad en España. ¿Por qué tanta preocupación cuando el déficit exterior es tan nuestro como la tortilla?

Necesitamos mejorar en ese ámbito, porque el déficit exterior se lleva más del 10% del PIB, generando unas necesidades de financiación de la economía de 107.171 millones. Aunque tradicionalmente la economía española ha presentado desequilibrio exterior, ahora se incorporan elementos estructurales negativos, que han hecho saltar las alarmas. No se trata de la coyuntura alcista del petróleo y el euro o de la inflación española, estructuralmente alta.

La ampliación del desequilibrio exterior obedece, más bien, al fuerte deterioro de la balanza de rentas, cuyo saldo negativo creció de forma extraordionaria (86%) en enero. La razón no es otra que el elevado endeudamiento exterior que la economía española ha venido arrastrando en los últimos años. Por supuesto, hay que añadir el deterioro del déficit comercial, que repuntó un 30%, compensado, en parte, por una mejora en el superávit de la cuenta de servicios (creció un 38%).

De este modo, el déficit comercial ahora supone el 60%. No por una mejoría competitiva, sino por los intereses de una deuda que no paran de crecer. En la actualidad, el déficit de la cuenta de rentas genera el 30% del déficit corriente.

Como sucede en aquellos países que piden una condonación de la deuda exterior porque su presupuesto público se destina prácticamente al pago de intereses o en las familias españolas que tienen que destinar más parte del sueldo a la hipoteca, nuestra economía también empieza a sufrir por el azote de su deuda, en este caso la exterior.

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