La tribuna económica

Gumersindo / Ruiz

La eutanasia del rentista

TAL como lo describió el economista John Maynard Keynes, la reducción hasta niveles ínfimos de los intereses que se pagan a los ahorradores no es un intento de acabar con ellos, sino que viene provocado por los propios ahorradores, quienes al dedicar tanto dinero a depósitos, plazos, y bonos de deuda, públicos y privados, acaban haciendo bajar ellos mismos los tipos. Esto lo sufren los que dependen de una renta o los que tienen que proporcionarla, como algunos planes de pensiones y sistemas de previsión.

Pero, ¿cómo es posible que con tanta necesidad de financiación por parte del Estado y las administraciones públicas, de las empresas, de las propias entidades financieras, no se ofrezcan tipos algo más altos que los actuales? Considerando todos los plazos, el tipo medio de la deuda pública española era de 5,75% hace diez años, y ahora es un 3,50%; se emitía entonces a un tipo medio del 5%, y ahora a un 2,3%. Y esto es general: la deuda alemana a cinco años está en el 1,30%, 3% la española, 1,4% en Estados Unidos, y 0,3% en Japón, siendo estos dos últimos los países con mayores volúmenes de deuda del mundo. Si nos vamos a la deuda a diez años, el interés que se paga es sólo un punto porcentual más. Salvo episodios recientes en que se intenta forzar a los países a pagar más por su deuda, el papel de los bancos centrales sigue siendo determinante, y mientras persista un paro tan elevado, van a mantener bajos los tipos para relanzar la economía, proporcionando liquidez y, si hace falta, comprando ellos mismos la deuda.

Las grandes empresas, ante las dificultades de los bancos para financiar, y aprovechando los bajos tipos, acuden directamente a los inversores. Para empresas con calificación crediticia, los diferenciales con respecto a la deuda pública pueden ir desde 0,25% a un 2% más, lo que tampoco refleja claramente el riesgo. Los depósitos bancarios dan de vez en cuando rentabilidades más altas, pero son temporales, limitadas y condicionadas, pues las entidades buscan financiación y también atraer clientes. El ahorrador no percibe riesgo hoy en los depósitos y la deuda bancaria, pues parece que lo peor de la crisis ha pasado para las entidades financieras, y sobre todo porque el Estado garantiza los depósitos hasta una determinada cantidad, y ha demostrado que no va a permitir una crisis del sistema.

Lord Keynes era inversor en bolsa y por ello le complacía que los tipos de interés estuvieran bajos; sin embargo, hoy el ahorrador se encuentra con tipos bajísimos y una bolsa errática sobre la que se ha extendido una desconfianza evidente. Ni siquiera acude al canto de sirena de los dividendos. Esto lleva todavía más dinero a la deuda, a la renta fija, y contribuye a formar una espiral descendente de los tipos en casi todos los plazos. Los bajos tipos de interés a corto señalan la persistencia del débil crecimiento y empleo; los relativamente bajos tipos a largo, que no hay tensiones inflacionistas y que desaparece poco a poco el riesgo de otra crisis; y la bolsa una falta de confianza en el futuro. La pregunta que surge es inevitable y no es la primera vez que nos la planteamos: ¿no se estará formando una burbuja en la deuda pública y, en general, en la renta fija?

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