Antonio Ojeda Avilés

La facultad de Derecho: el síndrome de China

La sede en la Pirotecnia está pensada para una facultad más pequeña con sólo 11.000 m2 útiles

A veces nos exponemos a una situación patológica compleja de tal magnitud que, si continúa adelante, puede provocar una catástrofe de consecuencias imprevisibles. Así, el llamado síndrome de China escenifica una tragedia en donde la eventual fusión de un reactor nuclear en Estados Unidos podría llegar a perforar el globo terráqueo hasta salir por las antípodas, es decir, China. Pero bastante más interesante que la metáfora en sí misma es la película rodada en 1979 y protagonizada por Jane Fonda y Jack Lemmon, con este mismo título, en la que los directivos de una central nuclear trataban de ocultar al público las anomalías que se estaban produciendo, sin importarles las graves consecuencias que su actitud podía acarrear.

Inmerso en una vorágine de construcciones que el buen dinero de la Junta de Andalucía permite, el rector de la Universidad de Sevilla ha decidido pasar a la posteridad como el artífice del gran salto hacia delante de la Hispalense. Desde 1995, una serie de nuevas facultades y centros han surgido en la Cartuja, Resolana, Delicias, y ahora marchan a buen ritmo los edificios de la antigua Maestranza de Artillería en donde se quiere ubicar a las facultades de Derecho, Ciencias del Trabajo y Ciencias de la Educación: unos 10.000 alumnos y profesores en una zona donde ya se encuentran otras varias facultades y los juzgados de Viapol, así como hoteles, un centro comercial, estaciones de metro y de tren, y unas avenidas de intenso tráfico de vehículos. Convencido de que el ladrillo nuevo santifica y encumbra a su autor, la máxima autoridad académica niega el pan y la sal a quienes ponen en duda la bondad a ultranza de las inauguraciones, y en este caso, el beneficio que el traslado de la Facultad de Derecho desde su actual sede en la Fábrica de Tabacos a la sede en construcción en la calle Pirotecnia pueda reportar para la docencia e investigación jurídicas. Un grupo numeroso de profesores le pidió audiencia hace dos meses para expresarle sus dudas, y hasta el momento no ha accedido a recibirlos; otro grupo de 46 catedráticos y titulares solicitó una junta de facultad para discutir la cuestión, y el resultado ha sido una junta esperpéntica.

Los argumentos del Rectorado parecen de peso: la futura sede es un edificio mucho más amplio que el actual, y ya va a entrar en funcionamiento el año próximo. Y sin embargo, su actitud tiene todos los síntomas de una huida hacia delante, negándose a aceptar una realidad que no desea, cual es, sencillamente, la de que la futura sede está pensada para una facultad más pequeña, por lo que supondría embutir a una institución de amplias prestaciones en una horma inapropiada, a manera de "operación Procusto". En efecto, el Rectorado ha hecho llegar a los medios un informe comparativo de espacios en donde figura que la nueva sede tiene 23.000 metros cuadrados útiles, contra 15.000 en la Fábrica de Tabacos. Pero sumando todos los espacios útiles que el mismo informe detalla, el resultado sólo es de 11.000. Afirma que es una facultad en irremediable colapso, pues ha pasado desde los 8.000 alumnos de finales de los noventa a los 2.000 actuales, pero son cifras de 2003, y desde entonces la Facultad ha duplicado sus alumnos (hoy, 4.000) y cuadruplicado sus titulaciones.

No podemos negar algo de fatalidad a la situación, pues es claro que en 1999, cuando se decide el traslado, el futuro de los estudios de Derecho en Sevilla no podía ser más negro. El rector se erige entonces en salvador sobre las aguas, y hace aprobar por el Claustro el cambio a otra sede: a la Facultad no se la escucha, y sólo se le permite que el día antes de dicho Claustro exprese todas sus preocupaciones, recelos y rechazo a lo que se le expone como un paraíso en la Tierra. Hace poco aseguró que la Facultad, ante semejante oferta, votó a favor en esa ocasión, pero ha perdido el sentido de los días, porque el acta de la sesión indica la repulsa. Y entonces se comete el error decisivo: la futura ubicación que duplicaba o triplicaba la actual se juzga demasiado grande por los regidores, y se adjudica un espacio en ella a la Facultad de Ciencias del Trabajo (1.600 alumnos) y, al lado, otro a la de Ciencias de la Educación (4.600). Dos años más tarde se completa el síndrome: la desfallecida Facultad de Derecho encuentra su vía hacia la modernidad, y recupera el pulso un centro de estudios que ha dado al país un presidente de Gobierno, dos presidentes del Tribunal Constitucional, tres presidentes de la Comunidad Autónoma, varios ministros y consejeros y numerosos alcaldes de Sevilla. Duele comprobar que a estas alturas resulta incierta una ceguera de tal magnitud. No es posible que el Rectorado continúe pensando que Derecho tiene 2.000 alumnos y que la superficie útil de la futura sede le basta y sobra. Mientras tanto, el plan director de la Fábrica de Tabacos ultima los detalles para cuando Derecho se vaya: como el espacio lo ocupará Filosofía (100 alumnos) y parte de Filología, se abrirán grandes galerías, se duplicará el bar, se dividirán las aulas para adaptarse a cursos muy pequeños... Y como también la biblioteca central se marcha, las siete plantas del depósito de libros quedarán libres para que Filosofía, Filología y Geografía e Historia dispongan de más espacio aún.

Han cambiado las circunstancias y hay que tener el coraje de reconocerlo. O, como los juristas decimos, rebus sic stantibus. Conceda el señor rector la Pirotecnia a una Facultad más pequeña que Derecho. Nosotros preferimos quedarnos en la casa, sinceramente, y sólo pedimos racionalizar los espacios de la Fábrica de Tabacos--aulas, patios y sótanos- para tener aulas y despachos suficientes.

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