alto y claro

José Antonio Carrizosa

No nos falles

SEVILLA amanece hoy con un nuevo alcalde. Las elecciones del pasado 22 de mayo le dieron un respaldo en las urnas como no se ha conocido en esta ciudad durante el periodo democrático y se le abren por delante cuatro años en los que nadie le pondrá cortapisas para llevar adelante su programa. Es un capital inmenso el que Juan Ignacio Zoido atesora en el comienzo de su mandato y hay puestas en él unas enormes expectativas, como se pudo comprobar ayer en el Salón Colón del Ayuntamiento. Las hay porque recoge una Sevilla en estado de postración económica, que pierde posiciones cada año en el conjunto nacional y en la que tener un puesto de trabajo es tener un tesoro. También, y no es menos grave, el nuevo regidor llega a una ciudad con una profunda crisis de valores, con su sociedad civil desarticulada, con su tejido empresarial devastado y que parece incapaz de encontrar el camino que le devuelva el dinamismo que otras veces tuvo y el papel en España que le corresponde por historia y por ser la gran ciudad del sur de la península.

Le queda a Zoido una tarea ciclópea en la que no debe olvidar que en la Plaza Nueva lo han colocado sevillanos de todos los barrios y todas las clases sociales. Los veinte concejales que lo acompañan, una mayoría nunca vista en democracia, quieren decir, ni más ni menos, que sale con el aval de capas muy amplias de ciudadanos, castigados por la mala situación económica y hartos de un gobierno municipal que no les satisfacía. Esos votos prestados, de los que tanto se habló durante la campaña, son los que le han permitido que ayer fuera investido en medio de tan grandes expectativas. Por todo esto, y también por muchas más razones, no puede permitirse Zoido ser un alcalde de derechas al modo tradicional ni gobernar pensando en los intereses de los grupos que siempre han apoyado a su formación política. Desde que en 2007 ganara las elecciones y el pacto de izquierdas le impidiera llegar al gobierno, el hoy alcalde se ha caracterizado por intentar llegar con un mensaje claro de regeneración a todos los ciudadanos. Lo consiguió y ése es su principal activo para enfrentarse a una gestión en la que se le van a demandar soluciones rápidas y eficaces, porque Sevilla no puede permitirse el lujo de perder ya más tiempo ni de ahondar en su frustración. Con su voto del día 22, muchos miles de sevillanos le estaban diciendo al nuevo alcalde lo que un grupo de jóvenes le gritaron a Zapatero cuando ganó contra pronóstico las elecciones, ya tan lejanas, de 2004: no nos falles. Ojalá haya entendido el mensaje.

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