Tribuna Económica

Gumersindo Ruiz

El falso carácter social de la renta básica

Hay una coincidencia entre algunos sectores de derecha e izquierda sobre garantizar a todas las personas una renta mínima que permita, si no vivir dignamente, al menos poder sobrevivir. Los argumentos a favor y en contra son obvios; empezando por los segundos, los más importantes son el elevado coste que supone, y que aunque remedie situaciones temporales de pobreza y la mayoría de la gente se encuentra mejor trabajando que no, disponer de una renta básica es un incentivo para no integrarse en el mundo del trabajo. A favor, está el apoyo que se proporciona a una persona para que pueda salir de una situación de infortunio y emprender una nueva vida, o recuperar su estatus anterior.

El problema con la renta básica es que se propone en parte como una alternativa al estado de bienestar, que garantiza la cobertura al menos de la educación y la salud; el enorme coste de proporcionar la renta básica iría seguramente en detrimento de otros servicios públicos gratuitos o fuertemente subvencionados. Una vez todos disponen de una renta, la provisión de determinados servicios públicos no es ya una cuestión vital. Hyman Minsky, de cuya muerte se cumplen ahora veinte años -famoso por su teoría y análisis de que la crisis financiera tenía forzosamente que producirse, como así ocurrió-, aunque era políticamente socialista, estaba en contra de la renta básica, frente a opiniones de la derecha norteamericana que la defiende, como Milton Friedman, y la izquierda que también la apoya, como Paul Krugman, por movernos en el ámbito de los premios Nobel. Su argumento principal es que debilitaba la política más fuerte que se puede implantar contra la pobreza, que es la del empleo. Hoy día, cuando cierta tecnología está sustituyendo permanentemente trabajo, sin añadir productividad a la economía, estas ideas cobran más importancia, pues resulta inaceptable que se renuncie a crear empleo bien remunerado, y se sustituya por una renta de caridad.

Minsky sostenía que ya que el Estado es el prestamista de último recurso de la banca, y garantiza los depósitos, la seguridad, y tantos y tantos aspectos de la vida diaria, también puede ser el empleador temporal de último recurso, asegurando un empleo precario a todo el que no tenga, y pagando un salario mínimo. Se trata de buscar el pleno empleo mediante programas gubernamentales para la prestación de servicios públicos y apoyo a los mismos, para jóvenes y adultos, y en el marco de una economía de mercados competitivos y salarios monetarios estables. No hace falta destacar las ventajas de generar empleo frente a cualquier otra alternativa; basta con considerar el consumo y los impuestos que genera, cómo facilita encontrar un empleo privado, y la confianza y equilibrio que da a las personas. Hay que pensar en reformas de envergadura ante la falta de empleo, y el pensamiento de Minski siguen siendo de plena actualidad, como queda recogido en estas palabras: "La guerra contra la pobreza de los liberales nace de la teoría neoclásica en la que es el pobre -no la economía- a quien hay que culpar por su pobreza. La guerra contra la pobreza trataba de cambiar al pobre, no a la economía".

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