La ciudad y los días

Carlos Colón

Los falsos dioses

EL ensayista argentino Juan José Sebreli me caía bien por su voluntad de analizar racionalmente los complejos procesos de las sociedades contemporáneas, desde la vida en las grandes ciudades al fútbol pasando por el culto a las vanguardias. Me cayó aún mejor cuando publicó El olvido de la razón, en la que ajustaba las cuentas a algunos popes de la irracionalidad nihilista -desde Nietzsche a Sartre, Bataille, Derrida o Lacan- por los que siempre he sentido aversión. Y me cae todavía mejor tras presentar esta semana su último libro, Comediantes y mártires (Debate), que ha ganado I Premio de Ensayo Debate-Casa de América.

Porque en él este clarificador ensayista, que imagino con un retrato de Descartes y otro de Kant en su mesa de trabajo, analiza cuatro mitos argentinos contemporáneos de alcance mundial -Gardel, Evita, el Che y Maradona- en los que la política, el cine, la publicidad, la propaganda, el espectáculo deportivo, la escenificación ritual totalitaria, la seducción del poder y el poder de la seducción se trenzan hasta confundirse de forma asombrosa. La política Evita, icono fascista fabricado ya en vida, acabó cantando junto al Che, icono comunista fabricado tras su muerte, en una comedia musical de Broadway, mientras la fotografía de Korda del Che generaba un culto laico y, como tantas veces pasa con la imaginería religiosa, un mercadeo internacional de pósters y camisetas. La estatua de bronce de Gardel recibe en el cementerio de Chacarita el culto de sus admiradores, que depositan cigarrillos encendidos entre sus dedos para pedirle que les ayude a dejar de fumar o como ofrenda que da vida a la estatua recordando que el cantante era un fumador empedernido, mientras la broma de unos compadres que decidieron celebrar la Navidad el día del nacimiento de Maradona ha dado lugar a la paródica Iglesia Maradoniana, que este año ha cumplido una década. El culto a estos mitos, según el ensayista, "denota una insatisfacción que tratan de llenar con estos falsos dioses encarnados".

De las declaraciones de Sebreli sobre su libro me ha llamado la atención la contraposición entre la "idiotez política" del Che (además de su crueldad al encargarse de los "juicios sumarios celebrados sin el menor procedimiento legal por los tribunales revolucionarios") y la verdadera tarea política que "es lenta, discreta y paciente, se realiza cada día y a través de los años, requiere esfuerzo, obstinación y perseverancia; además capacidad de transigir, negociar, consensuar, saber replegarse y establecer alianzas". ¿Leerán este libro nuestros políticos? Lo dudo.

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