la tribuna económica

Gumersindo / Ruiz /

Nos falta tiempo

LA situación económica pasa por uno de sus peores momentos, y las reformas que se intentan llevar a cabo no impiden que el paro alcance una gravedad extrema. Los seis millones de puestos de trabajo creados en la década anterior a la crisis, casi un 20% de ellos en Andalucía, y la rápida destrucción posterior, indican que el tiempo es una variable clave. A esto hay que añadir la población activa, que crece cuando el mercado de trabajo resultaba atractivo, pero no decrece cuando las condiciones del mismo son desfavorables. Al contrario, ante la reducción de salarios y renta disponibles por el aumento de impuestos y los efectos del paro, con unas familias fuertemente endeudadas, aumenta el número de personas de la unidad familiar que buscan empleo, por la necesidad de aportar unos ingresos adicionales.

La percepción de la economía desde el exterior no es buena. La deuda española depende del Banco Central Europeo y de la dubitativa Unión Europea. Nuestra Bolsa sigue teniendo un pésimo comportamiento, más por expectativas y desconfianza que por realidades. Por ejemplo, la capitalización de Appel es de 428.000 millones de euros, mientras que la de todas las empresas del Íbex 35 asciende a 414.000 millones; y, sin embargo, los beneficios previstos de Appel son bastante inferiores a los de esas empresas del Ibex. Los esfuerzos por realizar reformas con efectos a largo plazo no se valoran por los inversores, porque el deterioro a corto puede volver insostenible la situación. Los resultados de las elecciones del domingo, y la abstención no hay que interpretarlas tanto como un rechazo a medidas del Gobierno, sino como desesperanza por falta de perspectivas sobre la evolución de la economía.

Dejo la economía y miro el recién publicado libro de Ian Stewart, Diecisiete ecuaciones que cambiaron el mundo. Elijo la ecuación de las oscilaciones y movimientos que tienen lugar cuando ocurren desplazamientos en el mundo físico, ya sean olas, terremotos, o vibraciones musicales. Aunque es una ecuación física, su paralelo con lo que nos ocurre en economía resulta llamativo, pues relaciona un desequilibrio en un tiempo y un espacio, con una velocidad, lo que determina la intensidad del fenómeno. Cualquier pequeño cambio en las variables puede llevar a fuertes movimientos al alza o a la baja (a burbujas financieras o inmobiliarias, o a una crisis que se autoalimenta), haciendo discordante y desequilibrado lo que habría podido ser armonioso y sostenible.

Saco de aquí tres ideas. Una, que no puede esperarse que el paro se corrija con reformas que sólo tienen efectos claros en una economía en crecimiento; hay que bajar a la realidad de los mercados de trabajo y ver en ellos formas concretas de impulsar el empleo. De la misma manera, no hay que esperar que fluya el crédito por reformas en la capitalización y valoración de activos bancarios; algo positivo en otra situación, tiene ahora consecuencias imprevisibles. En suma, la forma, la velocidad, la intensidad con que se dan hoy los fenómenos, provocan desequilibrios muy peligrosos, y sólo corrigiendo a tiempo los problemas concretos que sufren las empresas es posible llegar a un equilibrio futuro.

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