la ciudad y los días

Carlos Colón

La familia y sus enemigos

Conozco bien a los enemigos de la familia: el seudo hedonismo consumista que todo lo basa en la satisfacción inmediata de deseos social y publicitariamente inducidos; el nihilismo de masas que ha socializado una desesperación y un vacío que generan frustración, violencia e incomunicación; la interesada devaluación relativista y consumista de la moral burguesa, de los valores socialistas o de las creencias cristianas que, pese a las diferencias que las enfrentaban, compartían valores que hacían posible modelos familiares distintos pero bien cohesionados; la degradación de la solidez y honestidad burguesas en la rapacidad sin alma ni conciencia de los neoliberales, de la sobriedad y honradez de la izquierda socialista en la cínica estupidez de la izquierda posmoderna, y del moderno cristianismo liberado de beaterías e integrismos que siguió al Vaticano II en la actual proliferación de grupos sectarios e integristas.

Conozco bien a los enemigos culturales, sociales, económicos o políticos de la familia que aíslan a sus miembros y segregan a los no nacidos o a los ancianos para que sea mayor la porción de bienes, ocio o placeres que se repartan (o se disputen) los más fuertes; que presentan como ridículo todo sacrificio y como irrelevante todo dolor causado en nombre de la autorrealización. Ya escribió el ácido Leon Bloy en su Exégesis de los lugares comunes: "Vivir su vida: Esto consiste en echar a perder la vida de los demás. Uno vive su vida cuando ha sabido hacerse el firme propósito de ignorar que hay hombres que sufren, mujeres desesperadas, niños que se muerený". Dado que esto fue escrito en 1913 no se trata de nada nuevo en sí mismo; la novedad consiste en que este vivir la vida echando a perder las de los demás ha crecido hasta ocuparlo todo e infiltrarse en el ámbito más salvaguardado, la familia, resquebrajándola como el agua que penetra en la piedra la revienta al helarse.

Estos enemigos lo son de la familia, genéricamente, sea ésta cristiana o atea, heterosexual u homosexual, matrimonial o de hecho, tradicional, multiparental o monoparental. Porque son enemigos de la entrega, del sacrificio, del cariño, de la ternura, de la solidaridad, de la generosidad o de la inteligencia emocional que hacen posible la vida familiar. Lo que se me escapa es cuáles puedan ser los enemigos específicos de la familia cristiana y, al parecer, sólo de ella, contra los que ayer se manifestaron, no todos, pero sí muchos, católicos españoles. Salvo que les haya dado un ataque nacional católico e integrista y crean que su modelo de familia es el único posible.

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