La ciudad y los días

Carlos Colón

Con las familias de Marta y Mari Luz

SOY uno entre el millón de españoles que han firmado pidiendo que se endurezcan las penas en casos como los de Mari Luz o Marta. No por afán de venganza, sino de justicia. No porque carezcamos de compasión, sino porque nos la suscitan las víctimas antes que sus verdugos. No porque ignoremos la reinserción, sino porque reconocemos los límites que la degradación humana le pone. Violadores, asesinos que se complacen en su crimen, pederastas… Ni tan siquiera encarcelados, gracias a nuestra permisividad o estupidez, dejan de ser un peligro: reciente está el caso de los dos pederastas recluidos en Valdemoro a los que se les ha intervenido material pornográfico pedófilo porque, aun sabiendo que uno de ellos es un experto en informática, se le permitió disponer de un ordenador portátil y alguien le hizo llegar lo necesario para conectarse a internet. Por ello firmé en su día la petición y hoy animo a la participación en las concentraciones convocadas en 14 ciudades -Cádiz, Huelva, Málaga y Sevilla entre ellas- para exigir al Gobierno un referéndum y el cumplimiento de la pena íntegra para asesinos, violadores y pederastas.

Lo que no comparto, dicho sea con cariño y respeto, es lo de "Todos somos Marta". Ni usted ni yo somos Marta porque estamos vivos y ella está muerta. Y no sólo lo está porque ha sido asesinada, además su asesino confeso se ha entretenido en torturar a la familia, humillar a los ciudadanos y despreciar a la policía y la justicia mintiendo sobre el paradero de su cadáver que, cuatro meses después del crimen, sigue insepulto. Ni usted ni yo somos los padres de Marta porque no nos han asesinado a nuestros hijos y a ellos sí; y porque hasta el consuelo de darle sepultura, único que les queda a los padres que han vivido la tragedia de la muerte de un hijo, les está negado.

Por eso para usted y para mí hay vida, con todos sus problemas, dolores, alegrías y esperanzas, mientras para los padres de Marta hay una larga agonía; para usted y para mí ha habido Semana Santa, y Feria, y Rocío, y domingos, y habrá vacaciones, mientras cada día nace y muere para los padres de Marta como una vigilia de dolor sólo atenuada por el paréntesis del sueño; y agravada por la torturante espera de que al asesino le apetezca decir dónde escondió el cuerpo o la casualidad haga que se descubra.

Sé que está dicho con la mejor de las intenciones, pero sólo Marta era Marta; sólo los suyos sufren hoy el dolor de su pérdida y la angustia del desconocimiento de su paradero; y sólo ellos la seguirán llorando cuando para usted y para mí estos hechos sean un lejano recuerdo.

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