La ventana

Luis Carlos Peris

De un fantástico baño de clase

INTIMISMO, clase, ideal numerus clausus en el que están todos los que son, nada que ver con la Sevilla zafia y desnaturalizada de hogaño. Cada quince de agosto, la procesión de la Virgen nos reconcilia con nuestras propias esencias, con lo que mamamos en el tiempo adecuado, que los hay que maman hasta los mismísimos umbrales de la muerte. En ese paseo que la Virgen de los Reyes se pega por el perímetro de su casa se encierra la Sevilla que nunca debió perderse, la que atraía a gentes de todo el universo y que significaba la mejor tarjeta de visita de España. Respeto al prójimo como única garantía para hacerse respetar, recogimiento, silencio, botellas de agua y abanicos, eso sí, muchos abanicos como arma defensiva contra los envites de agosto. Antier se reproducía la escena, nada nuevo, la mejor imagen de la mejor Sevilla renovada año tras año, lágrimas en los mayores y más jóvenes que nunca para que no se pierda este baño de clase.

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