PASA LA VIDA

Juan Luis Pavón

Las farolas solares de Dolores Gavilán

NO tenía el gusto de conocerla. En la abarrotada Sala Mezquita del Palacio de Congresos tenía lugar una de las sesiones del Día del Emprendedor. Gentes de toda Andalucía, incluidos alumnos de nuestro Máster en Periodismo, se habían apuntado a la sesión Venderse en Internet. Alex Baixas, director de la agencia de publicidad Shackleton, y Félix Uriarte, creador de Bluevista, explicaban las claves para capitalizar el trampolín de los buscadores a través de la creatividad. Cuando animaron a los presentes a un diálogo sobre sus experiencias e inquietudes, a la cuarta pregunta se hizo notar la voz de una mujer sevillana que confesó cómo había superado el miedo a las nuevas tecnologías para dirigir una empresa. Lo que contó de su labor fue de tal espontaneidad y autenticidad que todos los presentes, ponentes incluidos, prorrumpimos en aplausos.

Le he seguido la pista y corroboro que aquella anécdota tenía fundamento. Se llama Dolores Gavilán y, a sus 60 años, dirige la empresa GyC Solar, firma de referencia en las farolas que iluminan de noche gracias a la energía que acumula de día su placa solar. Son de suma utilidad para alumbrar cualquier zona donde se quiera evitar el elevado gasto de hacer llegar la red eléctrica. Ella se dedicaba a la comercialización, su perfil profesional, y eran otros familiares, incluidos sus hijos, quienes lideraban desde 1993 la estrategia empresarial en el sector de las energías renovables. Pero no conseguían venderlas porque no acababa de arrancar la apuesta pública y privada por los sistemas que favorecían el ahorro energético. Decepcionados, optaron por dejar de asumir riesgos y buscar empleos más seguros. Dolores Gavilán se negó a tirar la toalla, valorando el cúmulo de ilusiones y trabajo que habían puesto en el proyecto, y decidió asumir la gestión de la empresa.

Ha sabido rodearse de jóvenes competitivos por su eficacia tecnológica, y comenzaron a presentar su oferta a ayuntamientos y grandes empresas de un modo muy atractivo desde el punto de vista informático. De no tener contratos han pasado a gozar de exceso de demandas porque se confirma la calidad de sus farolas. Iluminan el campus de la Universidad de Cáceres, un paraje de Carnota regenerado tras el chapapote, instalaciones de una filial de Iberdrola en Menorca, el corredor verde de Olvera y un parque en Alcalá de Guadaíra. La constancia y la intuición la han llevado al éxito.

Lola ya no le tiene miedo a ser internauta y a competir en la red, ahora lo tiene interiorizado como su modus vivendi. Ojalá muchos universitarios sevillanos tuvieran la juventud de espíritu, la valentía y las ganas de trabajar de esta mujer que no se arredró para convertirse en empresaria.

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