Visto y oído

Francisco / Andrés / Gallardo

Qué 'fear'

LA programación de los viernes y de los sábados es un laberinto para los dedos en el mando a distancia. Después de saltar de canal en canal, la elección por simple hastío puede ser cualquier cadena por sorteo ante notario. Si esta noche se encuentra ante el sofá y no sabe dónde quedarse huyendo de las huestes del belenestebanismo, puede curiosear por la TDT y recalar en La Siete, de la familia de Telecinco, en Fear factor. Se lo aseguro, se le removerán las tripas.

Fear factor es un exitoso programa norteamericano del que ya tuvimos una versión española en Antena 3, Factor miedo, con aquellos bocadillos de pelo y de ojos de pez que entregaba sonriente Alonso Caparrós a los concursantes al límite del vómito. Con la costumbre que da un decenio en la parrilla de la NBC, Fear factor aprieta aún más las tuercas de los instintos de los concursantes. Es un concurso de pruebas extremas en las que el jugueteo con bichos y vísceras repugnantes no tiene fin. Un par de perlas recientes: las parejas que funcionan en equipo han de pasarse con la boca grandes cucarachas hasta depositarlas en una urna, o, como sucedía este pasado viernes, han de trasladar con la boca cadáveres estiraditos de ratas.

El motivo que conmueve a los participantes para someterse a estas vejaciones del cuerpo, del alma y, sobre todo, del estómago, no es la terapia para superar los terrores infantiles, sino los 50.000 dólares de pasta que se ventilan, más otras pingües ganancias por devorar desconocidos coleópteros melanesios. Fear factor es un horror barroco televisivo. Estridente y nauseabundo. Ese feísmo tan aparatoso es lo que le convierte en encantador para millones de adictos en todo el mundo, sobre todo jóvenes. Este regurgitante formato es para verlo a cachos. Es agotador para la úlcera contemplar tal catarata de excesos.

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