Editorial

Un ferrocarril para acercar el Aljarafe

LA inauguración dentro de apenas un mes de la nueva línea 5 de la red de Cercanías de Renfe, que por primera vez unirá la zona Norte del Aljarafe con Sevilla capital, va a llegar pocas semanas antes de las elecciones municipales. Sea por este motivo (el proyecto permitirá al PSOE sostener ante los votantes que el Gobierno socialista sigue invirtiendo en Sevilla a pesar de las importantes restricciones presupuestarias existentes) o sencillamente por tratarse de una demanda histórica de los alcaldes de la comarca, lo cierto es que la red de comunicaciones en el área metropolitana se verá beneficiada por dicha iniciativa pública. El Aljarafe, una de las zonas más pobladas de la corona exterior de la Gran Sevilla, había experimentado en la última década un desajuste peligroso: el monocultivo residencial, intensificado en los recientes años de la burbuja inmobiliaria, no se había producido de forma armónica con las necesarias inversiones esenciales en materia de dotaciones. El resultado ha sido el colapso funcional de las comunicaciones viarias en la comarca y, por extensión, también en Sevilla. La construcción de la línea 1 del Metro empezó a paliar, pero de forma parcial, esta grave carencia. La nueva línea de Cercanías -que dará servicio a Camas, Valencina, Salteras, Santiponce, Albaida, Villanueva del Ariscal, Olivares, Sanlúcar y Benacazón- incide en esta misma dirección. Se trata de una obra que, asombrosamente, llevaba demasiado tiempo pendiente: con gran parte de la infraestructura existente y apenas 60 millones de euros (diez veces menos que el Metro) se conseguirá un servicio de transporte que en 30 minutos permitirá ir y venir en ambas direcciones. La noticia, por tanto, es buena con independencia de que su calendario probablemente se haya agilizado debido al evidente factor electoral. En peor situación, en cambio, se encuentra el viejo proyecto (esencial para culminar la vertebración comarcal) del tranvía interior del Aljarafe, una eterna promesa de la Junta que lleva pendiente casi una década sin que por ahora exista un horizonte creíble de ejecución.

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