Palabra en el tiempo

Alejandro V. García

El fiasco y el fisco

ESTÁ claro que una vez superado el trance de las europeas el Gobierno ha prescindido de las cautelas electorales y está dispuesto a levantar los paños calientes y aplicar una política económica más realista, es decir, más sucia, sin miedo al qué dirán ni al cómo reaccionarán los damnificados por la previsible subida de la tributación o por la pérdida de una serie de ayudas directas poco efectivas. ¡Cuánto tiempo perdido! Tras la subida de los impuestos del tabaco y la gasolina, el Gobierno estuvo a punto el martes de cerrar un acuerdo con ICV e IU para, a cambio del voto afirmativo en los presupuestos del año que viene, fijar unos criterios de izquierda que incluían el aumento de la fiscalidad para las rentas más altas y la supresión o la redistribución de una serie de regalías aprobadas hace poco (los 2.500 euros por hijo o la deducción general de los 400 euros en la Renta) que no sólo no han tenido un influjo efectivo sino que han sido acogidas por los beneficiarios entre la sorpresa y la incredulidad.

Todo muy bien. Sin embargo, la reforma de izquierda duró seis horas, lo que tardó en frustrarse el pacto, no tanto por los discrepancias de los firmantes como por la intervención de CiU, el partido de la derecha catalana, que en apariencia no acepta una mayor progresividad en la presión fiscal ni la supervisión de los elementos de redistribución en ciertas deducciones como la compra de pisos. El fiasco, aparte de dejar en evidencia el escaso poder resolutivo del Gobierno y la debilidad de su posición en el Congreso, da tiempo y autoridad a quienes, desde posiciones conservadores o desde el Banco de España, reclaman con insistencia medidas para recortar los derechos de quienes menos han contribuido a la crisis pero más la padecen: los trabajadores.

Es paradójico que, mientras Zapatero se resiste agónicamente a poner en práctica las medidas correctoras que reclaman la patronal y las instituciones bancarias, no sea capaz de sacar adelante una reforma relativamente razonable en sus planteamientos generales y deba aplazarla, como mínimo, hasta septiembre. Si es que se puede recuperar entonces, pues la presión por la derecha es fortísima y la evolución de la economía vertiginosa. Y la patronal y los bancos no se van a quedar de brazos cruzados.

En el programa económico pactado y roto con la izquierda se incluía, por cierto, modificar al alza la tributación de los deportistas de elite extranjeros, fijada ¡en un raquítico 24%! También llegará tarde, al menos después de la ronda de fichajes millonarios que a muchos nos han dejado sin palabras.

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