La ventana

Luis Carlos Peris

Las fiestas como efectivas rogativas

RECOGIÓSE la Soledad en la intimidad de su casa en San Lorenzo y la sequía volvió para una tregua de dos semanas, justamente las dos semanas que separa a las dos grandes celebraciones de la ciudad. Se acabó la Semana Santa y a vueltas con la pertinaz más pertinaz que imaginarse pueda. De nuevo el anticiclón instalado sobre la vertical de nuestra tierra y de toda su zona de influencia, que no es tanta, pero sí la suficiente como para que se volviese a la sed y a las moscas. Pero sólo hizo que sonase a Feria, que se instalasen los farolillos para que se abriesen los cielos y las canales aconsejasen una especie de arca como la que ideó Noé para adentrarse por el ferial. Indudablemente, no existen rogativas más efectivas que las de pregonar nuestras fiestas, que al conjuro de su anuncio no hay sequía con dos bemoles capaz de resistir los embates de la borrasca y su puñetera madre.

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