la ciudad y los días

Carlos Colón

De fiestas y puentes

NO entiendo por qué las fiestas religiosas son movibles y negociables, mientras que las laicas son inamovibles e innegociables. De los tres jueves que brillaban más que el sol, ninguno ha sobrevivido. El Jueves Santo no es festivo en muchas partes de España, el Corpus Christi se pasó en 1990 al domingo siguiente y la Ascensión dejó de ser día festivo desde 1977. Lo mismo sucedió con San José, que únicamente es festivo en tres comunidades. La Inmaculada, que estuvo a punto de caer, se salvó como fiesta local.

Es evidente que nuestro calendario está sobrecargado de fiestas y sobre todo de puentes. También lo es que la presencia de las festividades religiosas era excesiva. Pero me llama la atención que las festividades religiosas puedan moverse de día, pero las laicas no. O que los días festivos religiosos se transformen en laborables, en el caso de que se mantengan en su fecha, mientras que las laicas jamás pierden su carácter festivo.

Digo yo que si un Jueves Santo o un día de San José pueden ser laborables, también puede serlo cualquier festividad laica. Y que si el Corpus se pasó al domingo lo mismo podría pasarse el 6 de diciembre o el uno de mayo podrían trasladarse al domingo más próximo. Es evidente que no se hace por la significación de dichas fechas, que remite su celebración a su origen. Pero lo mismo sucede con el Jueves Santo o la Inmaculada, que se celebran en una fecha concreta también por razones históricas.

No se sulfure usted. Ya sé que las fiestas religiosas únicamente conciernen a los creyentes, mientras que las laicas nos conciernen a todos. Sólo los creyentes están obligados a creer en el dogma de la Inmaculada, y celebrar su proclamación el 8 de diciembre, mientras que todos los españoles (salvo los vascos y los catalanes, por lo visto) están obligados a respetar la Constitución. Esto es cierto. Pero nada impide que la flexibilidad anti puente desplazara la festividad de la Constitución al domingo más próximo.

Pese a excepciones como un 14 de julio en París, un Poppy Day en Londres o un día de Carnaval en Cádiz, permítaseme añadir que las fiestas laicas, o las religiosas privadas de su original fundamento, suelen ser tristes, huecas, melancólicas. Y esto no es cosa mía, sino de los tiempos y las sensibilidades. No soy yo quien tituló una película tristísima Domingo, maldito domingo, sino John Schlesinger. No soy yo quien cantó Triste domingo, sino Billie Holiday. No soy yo quien cantó "Odio los domingos", sino Edith Piaf. Y su letra es reveladora: "En la calle hay una multitud que anda como en un entierro, el entierro de un domingo muerto hace mucho tiempo".

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