La ciudad y los días

carlos / colón

La fingida verdad de Sevilla

LAS primeras cifras de transporte de viajeros, recogida de residuos y ocupación hotelera indican que desde un punto de vista económico esta feria ha sido apoteósica, una de las mejores de los últimos años. Entre el 85% y el 90% de ocupación hotelera es un dato buenísimo en los malos tiempos que corren. Así que "a bailar, a bailar", como invitan los Cantores de Híspalis cuando se enciende la feria. Porque ese "a bailar, a bailar" -o "a procesionar, a procesionar"- aquí se convierte, con fondo de caja registradora en vez de palmas, en un "a facturar, a facturar".

Vivimos, en gran medida, de exhibirnos. Y esto es una gran desgracia que nos hace depender de la buena voluntad de quienes viajan a lo largo de todo el año para ver lo grandes que fuimos en el pasado (monumentos) o puntualmente, para ver como otorgamos sentido sagrado (Semana Santa) o profano (feria) a nuestras vidas. Afortunadamente somos exhibicionistas y este vicio convierte en virtud la desgracia de que vivamos de exhibirnos. Para alguien pudoroso sería un tormento verse obligado por la necesidad a ganarse la vida haciendo striptease. Pero un exhibicionista es feliz poniéndose en cueros todos los días ante el público y enseñándole eso que los antiguos llamaban las vergüenzas. Así que a disfrutar convirtiendo la Catedral o el Salvador en museos, tematizando todo el centro y abarrotando sus calles de veladores, sacando pasos o montando casetas, vistiéndonos de nazareno o de flamenca.

Ya escribió Ortega y Gasset en su Teoría de Andalucía aquella famosa observación que aquí sentó como un tiro: "El andaluz se complace en darse como espectáculo a los extraños, hasta el punto de que en una ciudad tan importante como Sevilla, tiene el viajero la sospecha de que los vecinos han aceptado el papel de comparsas y colaboran en la representación de un magnífico ballet anunciado en los carteles con el título Sevilla". Tenía razón. Como también la tenía al escribir que "lo admirable, lo misterioso, lo profundo de Andalucía está más allá de esa farsa multicolor que sus habitantes ponen ante los ojos de los turistas". Su error fue oponer una y otra Sevilla. Porque resulta que la Semana Santa y la Feria son la floración de los más admirables y profundos misterios sevillanos. No comprendió Ortega que, por herencia barroca, aquí lo que parece fingido es verdadero y lo verdadero parece fingido, como en la tragicomedia de Lope de Vega.

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