El balcón

Ignacio / Martínez

Una forma de pedir perdón

LOS diputados del Congreso se han exonerado a sí mismos de toda responsabilidad en el desgobierno nacional con un aplauso unánime, al final del último pleno de la Legislatura. Sus señorías parecen satisfechas de su labor en un parlamento de mentira, que no legislaba ni controlaba al Gobierno. A nadie se le ha ocurrido pedir perdón.

Aunque en este trance ha habido peculiares maneras de pedir disculpas. Estamos en momento de redención. Pedro Sánchez ha reconocido que equivocó al llamar indecente a Rajoy. Lo ha hecho a los cuatro meses, pero algo es algo. Cinco veces más tiempo ha tardado Susana Díaz en congraciarse con Eduardo Madina. El jueves dijo de él maravillas. Que los socialistas no pueden prescindir de su talento y su capacidad. Que es una persona querida, reconocida y valorada en el PSOE y en el conjunto del país. Que es un lujo y una garantía tenerlo en el partido…

Toda una explosión de cariño y admiración que sólo tiene tres explicaciones. O es una manera de darle en los morros a Pedro Sánchez, que lo relegó en la lista de Madrid. O es un gesto para que Madina no se ausente de las listas. O es una manera de pedir perdón: hace dos años Susana no pudo ser elegida jefa de su partido por aclamación, porque Eduardo pidió que se celebraran primarias a las que anunció que se presentaría. Y la líder andaluza apostó a muerte por el rival más débil, apadrinando la llegada de Sánchez a la jefatura nacional del PSOE.

Carme Chacón elige el camino contrario. Decapitó al anterior primer secretario del PSC, Pere Navarro, en la lista que ella encabezó en diciembre, y ahora renuncia a repetir candidatura. Prefiere este movimiento táctico y quedarse en la reserva para el postsanchismo, antes que pedir indulgencia a sus enemigos en el socialismo catalán.

En este campo, la familia socialista está más activa que otras. Al PP le cuesta la misma vida pedir disculpas por la corrupción. Su jefe regional andaluz, Moreno Bonilla, se indigna de que Ciudadanos quiera echarles de la Alcaldía de Granada. Como si las irregularidades fuesen una catástrofe natural, un huracán o una tormenta tropical. Y cuando Pablo Iglesias pide perdón por acosar a un periodista, lo hace a su manera: dejando claro que había dicho "la verdad".

Frente a estas piedades, Jorge Luis Borges decía que el olvido es la única venganza y el único perdón. Es el que practican los ciudadanos con sus representantes políticos. Olvidar sus faltas y seguirles con entusiasmo ciego. Pero de eso nos ocuparemos mañana.

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