LOS CIRIALES

José Joaquín / Gómez / González

La formación de los más jóvenes

HOY, 18 de febrero, será un día señalado en la vida de un querido miembro de mi familia que da un paso más en su preparación para el sacerdocio.

A él, Jesús González Cruz, quiero dedicar esta primera columna de la recién iniciada cuaresma, a tantas y tan buenas vocaciones que vienen naciendo en el seno de nuestras cofradías. Hace apenas unos años esto era infrecuente, aunque siempre con sus excepciones; pero de un tiempo a esta parte los seminarios han visto incrementada la presencia de jóvenes de muchas de nuestras hermandades y con apellido de honda raigambre en el seno de las mismas.

Puede que éste sea otro signo de la verdad y de la pujanza de nuestras corporaciones, pero no por ello podemos darnos por satisfechos; todo lo contrario, la atención y el cuidado de la formación de los más jóvenes debe ser tarea primordialísima de todos y cada uno de los responsables del gobierno de las mismas.

Los jóvenes de por sí tienden a lo más fácil: no crearse problemas, a encarar el aspecto más lúdico de la vida, a dirigirse a los lugares donde encuentren más facilidades y mejor entendimiento. Por ello, en la mayoría de las ocasiones por no decir en todas, cuando cae en nuestras manos un boletín en el que se anuncian los actos organizados por los grupos jóvenes de nuestras cofradías, pocas veces falta el ya tan manido concurso de cultura cofrade, la mesa redonda sobre capataces y costaleros, el encuentro de futbito y, menos mal, la misa de clausura. Yo no digo que nada de esto esté mal; ahora, lo que sí digo es que quedarnos en esto es muy poco en los tiempos de crisis de identidad y de galopante laicismo que nos ha tocado vivir.

Los cofrades adultos hemos de saber encauzar a los jóvenes en el camino de la formación y del compromiso, haciéndonos presentes no tan sólo en las catequesis de Primera Comunión y de Confirmación, sino que también perduren en la posterior a dichos sacramentos; de forma y manera que hagan suyas la asistencia a los cultos para algo más que para salir de cirial; que sientan como propias las tareas de ayuda a los más necesitados dedicando su tiempo libre a su cuidado y atención y que comprometan su asistencia a los siempre escasos actos formativos que deberían ser más frecuentes y cotidianos en el día a día de nuestras hermandades. Éste y no otro debe ser el cauce de realización de los jóvenes si es que queremos que en ellos descanse la garantía de nuestro futuro.

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