La ciudad y los días

carlos / colón

Una foto reconfortante

EN estos momentos resulta democráticamente reconfortante la fotografía de los cuatro presidentes del Gobierno cenando con Juan Carlos I la noche del pasado miércoles. Sumando a los ausentes -tan presentes en el recuerdo- Suárez y Calvo Sotelo, simboliza los mejores 40 años que ha vivido este país en los dos siglos de su historia contemporánea, desde 1814 hasta hoy. Acertó Rajoy al convocar a los ex presidentes para conmemorar el primer aniversario de la abdicación de Juan Carlos I y agradecerle los servicios prestados a la nación. Agradecimiento extensible a los ausentes Suárez y Calvo Sotelo y a los allí presentes González, Aznar, Zapatero y Rajoy. Todos tuvieron luces y sombras en sus mandatos. También las ha tenido el reinado de Juan Carlos I. Pero tener luces y sombras es lo propio de las democracias. Sólo las dictaduras, gracias al juego conjunto de la propaganda y la censura, simulan tener solo luces y ninguna sombra.

Hace pocos días, en la celebración de la adhesión de España a la UE que también hizo coincidir a Rajoy y los tres ex presidentes, González dijo que "el hoy criticado consenso fue el fundamento del éxito del proceso de adhesión de España a Europa". Tiene razón. Lo que España ha vivido desde 1975 hasta hoy, con el reinado de Juan Carlos I y los mandatos de seis presidentes, ha sido el salto hacia adelante (porque también los hay hacia atrás) y hacia tierra firme democrática (porque también los hay hacia el vacío) más importante de su historia. Por fin dejamos de ser "diferentes", teatro de pasiones y desgarros, esa tierra de espléndido pasado a la vez que medio salvaje que atrajo a los románticos en el siglo XIX y a los brigadistas que en 1936 venían a luchar por la libertad de esta tierra extraña y trágica como si España fuera la Grecia de Lord Byron. Ya no doblan las campanas de Hemingway, ni se escriben las amargas decepciones de quienes, como Bernanos, eran católicos y demócratas que vinieron a luchar contra el totalitarismo comunista y descubrieron con horror las atrocidades franquistas y nacional católicas; o quienes, como Orwell, vinieron para luchar por el socialismo y contra el fascismo para descubrir con idéntico horror las atrocidades de los comunistas. Ya no somos trágicos y "diferentes" sino una aburrida y estable democracia europea cuya espléndida y gris normalidad quieren romper quienes atacan el consenso que nos la procuró.

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