Desde mi córner

Luis Carlos Peris

El fracaso tuvo un remate digno

No es justo atribuirle a los béticos la decepción que ha sido José Mari, ya que el único culpable es quien lo fichó

DESAFORTUNADO paso de José Mari por el Betis con un desenlace sorprendente porque no es moneda de uso común en fútbol, ni en nada, que se renuncie a la soldada. Ha sido una mala novela con un final lleno de dignidad por parte del protagonista. Es más, este último episodio de José Mari tras llenar de rayas verdes su camiseta de origen ha sido el más brillante del de La Oliva, pero convendría matizar las cosas para no caer en exageraciones y, sobre todo, en situaciones llenas de injusticia. Por lo pronto no se puede culpar al beticismo del fiasco que ha supuesto el paso de José Mari por el Real Betis Balompié.

Está claro que el bético no acogió con entusiasmo el fichaje y no sólo por el origen del futbolista. En el Betis no suele acogerse con calor a alguien que procede de la otra acera, pero también puede afirmarse que, con algo que hubiese hecho habría cambiado el escenario de lanzas al de cañas. Es más, cuando marcó el gol en el Camp Nou reabrió un tiempo de esperanza que duraría muy poco, demasiado poco para que ahora se culpe a la afición bética del fracaso. La causa mayor ha sido la sensación de impotencia de un futbolista que parecía estar reñido con el balón y que en vez de ir a su encuentro más parecía huir de él; incluso, a veces, parecía huir del partido.

Seguramente, con algo de calor de la grada, José Mari hubiese rendido algo, no mucho, más, pero es que eso debiera haberlo sabido él cuando fichó y, sobre todo, quien lo fichó. El encargado de ficharle debió haber tenido en cuenta la idiosincrasia de la grada de Heliópolis, las reticencias que iban a recibir a un futbolista con el pasado que más repele por allí. José Mari es de Sevilla y también debió caer en la cuenta, pero no es el culpable principal él, sino el experto que dio el visto bueno a su adquisición, primero por el pasado y luego por el presente. ¿O es que la afición le habría pasado factura si su rendimiento hubiese sido aceptable, sólo aceptable?

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