La tribuna

manuel Lozano Leyva

E l 'fracking' y María Antonieta

EL fracking, palabra que no encuentra acomodo ni en los diccionarios anglosajones, se está imponiendo en los medios de comunicación. En español significa fractura hidráulica y es una práctica minera que consiste en perforar verticalmente hasta dar con una capa de arcilla compactada impregnada en petróleo o, mejor, saturada de gas natural. Una vez alcanzado el estrato deseado, normalmente a más de mil metros de profundidad, se perfora en horizontal a lo largo de él y se inyecta agua a presión con arena y algunos productos que optimizan el proceso deseado. Éste no es otro que producir grietas a través de las cuales fluya el gas (o el petróleo) hacia el exterior por el pozo perforado. Las fracturas suelen ser fisuras microscópicas, pero pueden llegar a ser de centímetros y hasta decímetros de grosor.

El fracking moderno se inventó en Estados Unidos en 1947, pero es un procedimiento caro en comparación con la extracción simple de petróleo y gas de yacimientos, porque una vez horadado el bolsón geológico que contiene el preciado combustible fósil, no hay más que dejarlo fluir hacia arriba o, como mucho, bombearlo.

El desarrollo industrial, quizá desaforado pero que ha llevado prosperidad a una buena parte del mundo, se basa en gran medida en la energía producida por la combustión de carbón, gas y petróleo. El carbón está diseminado por todo el planeta, pero el gas y el petróleo sólo está fácilmente accesible en determinadas zonas, muchas de ellas conflictivas, como Oriente Próximo, y otras, como Rusia, con, digamos, afanes de grandeza. Con el tiempo, surgieron dos problemas asociados a este tipo de desarrollo: el calentamiento global y la pérdida de independencia y soberanía de los estados que no tenían gas ni petróleo; por ejemplo, casi todos los europeos. Estos combustibles fósiles, además, se están acabando, y lo que sin duda ya se ha acabado es que sean baratos. Entonces es cuando esos países han vuelto a considerar la extracción del gas de sus subsuelos por medio del antiguo fracking.

Pero el fracking tiene problemas. Por lo pronto, contribuye al posible cambio climático de consecuencias imprevisibles. Su finalidad es la combustión con la liberación de dióxido de carbono a la atmósfera y en su proceso de extracción es lógico que se libere una parte del gas y éste, principalmente metano, provoca más efecto invernadero aún que el anterior. Además, las fracturas en el subsuelo profundo pueden propagarse hacia la superficie y el agua usada podría llegar hasta las aguas subterráneas a las que tenemos acceso. Incluso se puede dar el caso de que las inestabilidades geológicas provocadas artificialmente den lugar a pequeños terremotos.

Los defensores del fracking arguyen que los productos químicos que podrían llegar muy improbablemente a la biosfera son inocuos; que lo de los terremotos es fantasía y que si tienen lugar son imperceptibles o inocuos; que las decenas de miles de perforaciones que se han hecho nunca han dado problemas serios; que la liberación de dióxido de carbono en la combustión y de metano en la extracción es menor que la que conlleva la minería del carbón y la industria del gas natural, y así todo. Hay que estar ojo avizor con todo esto, porque el fracking es una agresión más a la naturaleza por mucho que de ello vivamos desde la prehistoria, pero sostengo que hay que estar mucho más alerta con lo que sigue.

Los que atacan el fracking, que son los mismos que atacan la energía nuclear, no se pronuncian sobre la soberanía de los países y su dependencia de los combustibles fósiles, así como de las consecuencias para la salud humana de la combustión, y defienden tan ardorosamente las fuentes renovables que proponen que la solución energética sea exclusivamente ésa. Lo que no dicen jamás es qué supondría para la población alcanzar esa quimera que haría inoperativa la red eléctrica. En un sistema eléctrico tan dependiente, caro y enloquecido como al que se ha llegado en nuestro país, el desiderátum de cien por cien renovables a base de subvención y no de investigación equivale a la solución atribuida a María Antonieta cuando le hablaron de las consecuencias para los parisinos de la carestía del pan: "¡Que coman pasteles!".

Dejemos que los científicos e ingenieros de las instituciones públicas analicen las posibilidades y consecuencias del fracking en nuestro país y hagamos oídos sordos a quienes por extraños intereses ideológicos nos atemorizan sin fundamento técnico alguno. Respecto a la energía, el país ya está sufriendo en demasía las consecuencias de la frivolidad, el alarmismo y la demagogia.

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