Desde mi córner

Luis Carlos Peris

Una fragilidad indescifrable

Con una pizca de solvencia como anfitrión, en el Betis estarían en otra historia que la de evitar el descenso

PREOCUPANTE cuestión ahora que el Tourmalet pasó para el Betis es la fragilidad que muestra a favor de querencia, sobre todo cuando tantos vecinos en la tabla han de hollar Heliópolis. Cierto es que el equipo de Chaparro ha superado el manido Tourmalet con mejor nota de la que se le auguraba, con más puntos de los que hubiesen previsto los más optimistas. Cierto es también que en los momentos de lucidez, el Betis demuestra que es capaz de desarbolar a cualquiera, no olvidemos que le ha hecho cuatro goles al del monólogo y que la crisis que sufre éste comenzó a fraguarse cierta noche de sábado reciente en Heliópolis.

Observa uno el potencial que el Betis atesora de medio campo hacia adelante y no tiene por qué esperar con pesimismo el futuro inmediato. Es más, la llegada de Oliveira ha servido para, entre otras muchas cuestiones, despertar a ese extraordinario futbolista que atiende por Sergio García, pero... El pero es la poca solvencia del equipo en su rodeo, con unos números de batacazo. Con el balance que el Betis ofrece como viajero, a poco que se hubiese acorazado en casa, la posición en la tabla daría para pensar en cualquier cosa menos en el descenso, hasta para soñar con logros que por entidad social no debería ser sólo sueño, sino tangible realidad.

Osasuna, Numancia, Sporting, Almería y Valladolid son esos vecinos de tabla que han de pasar por Heliópolis, se añade Valencia y Atlético, que andan en otra frecuencia, y tenemos el rol de visitantes para que, en condiciones de normalidad, el Betis sacase el curso adelante. Ya se sabe que, desgraciadamente, los objetivos que se fijan desde dentro son los de no bajar y si el Betis fuese fiable como local eso estaba prácticamente hecho. ¿Y por qué esa fragilidad como anfitrión? Quien la lleva debe entenderla, pero lo cierto es que resulta un enigma complicado de resolver. Quizá lo de haber sufrido tantas expulsiones, no sé, pero debe haber remedio, ¿no?

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