La ventana

Luis Carlos Peris

De cuando el frufrú suena estruendoso

CUALQUIER frufrú, quizá el ruido más imperceptible de todos habrá adquirido esta noche pasada carácter de estruendosa alarma. El más nimio roce habrá multiplicado su sonoridad por el estado anímico de una gente menuda que andaba a esas horas disfrutando con lo que los Magos han dejado en sus casas. Quedó atrás la noche de todas las noches, ese oasis que representa la noche de Reyes en el desierto de nuestra cotidianidad. Seguro que se habrán sucedido historias de ilusión y emoción, que no se sabe quién se ilusiona ni quién se emociona más, si el niño que se da de cara con lo soñado o esos padres que ven cómo su vástago abre los ojos como platos sin saber donde acudir. Ya es día de Reyes y muchos de esos juguetes ya no dan más de sí y están para tirarlos, pero habrá habido mil historias no contadas en esta noche en que cualquier ruidito suena a estruendo y a miedo por el sueño a punto de cumplirse.

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