La ventana

Luis Carlos Peris

De cómo el fútbol desertiza las barras

CON cuatro o cinco clásicos al mes entraba en quiebra técnica todo el gremio de Hostelería. Si acaso, los bares que tienen Plus pudieron sacar la cabeza y, al cierre, echar cierto tiempo en contar lo que había en caja, pero los demás, cero. Entre el frío, la cuesta puñetera de este enero largo como una noche de insomnio y el Madrid-Barça, la ciudad era un cementerio y la inmensa mayoría de los bares un mustio collado con los camareros mirándose unos a otros. Hay que ver el tirón que tiene el fútbol, que hasta puede con esa fiebre tan sevillana de acodarse en la barra para arreglar el mundo mientras el camarero de turno recita la lista de tapas como un tribulete cualquiera recita las alineaciones así que va acercándose la hora del pitido inicial. Lo dicho, con media docenita de partidos como el de antier noche al mes entraba en barrena todo el gremio de Hostelería. Y mañana, derbi, a hacer puñetas el sábado.

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