Desde mi córner

Luis Carlos Peris

El fútbol nunca tuvo memoria

Es lícito que Del Nido se enrabiete con las críticas al plantel y para volver las lanzas cañas conviene ganar en París

DEBERÍA saber José María del Nido que la memoria en fútbol es tan corta que no va más allá de la pitada inicial. Todo en el fútbol es presente, la historia sirve únicamente para airearla en situaciones límite, ante un aficionado rival en la barra de bar, a la hora de pasarla a negro sobre blanco, en cuestiones así. Sólo vale el presente y eso debería saberlo un hombre tan reconocidamente conocedor de los entresijos del fútbol y como el presente no está siendo como el próximo pasado, pues ahí debe encontrar la respuesta a por qué la afición no está contenta y exterioriza su protesta ante tanto tropiezo seguido.

Por tanto y aunque resulta lícito que el presidente de los mayores éxitos del Sevilla no vea lógicas las protestas a un plantel que tanta plata recolectó para Nervión, sí hay que recomendarle que mire hacia delante para que el presente se haga como fue en tantos y tantos días de vino y rosas como se vivieron hace poquísimo tiempo. Y mirar adelante es fijarse en el Parque de los Príncipes, el emblemático estadio parisino, para cimentar un presente que se resiste. Esta tarde en París se juega el Sevilla gran parte del año y moverse bajo la esperanza de que el cambio de competición, volver a la continental que tanto lustre le dio, bien puede hacer que la veleta varíe de dirección.

París bien vale una misa y en este caso bien valdría que el Sevilla se sacudiese el estado melancólico y tristón que atraviesa para signar su continuidad en Europa. Un empate apenas vale y también obligaría a puntuar con el Borussia el día 15, por lo que sólo urge el triunfo, ese triunfo que haría afrontar la cuesta dura de diciembre con el talante recuperado y la autoestima en buen estado. De paso comprobaría Del Nido que el sevillismo sigue siendo el mismo, comportándose como todas las aficiones que en el mundo son, viviendo el presente como el presente toque, aplaudiendo el triunfo y pitando el tropiezo. El fútbol no tiene memoria y lo que prima es el presente.

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