La ventana

Luis Carlos Peris

El fútbol como un rompeolas sentimental

INDUDABLEMENTE, bajo el pretexto del fútbol, a su rebufo, se emboscan muy malos rollos, pero por muchas y malas que sean esas inconveniencias, el espectáculo es de abrigo. Cuando uno se da de cara con lo que antier fue el España-Inglaterra no hay más remedio que convenir que estamos ante el suceso de masas con más calado que dio a luz el siglo XX y al que no se le atisba el fin. A la llamada del fútbol acude un número ingente de viejos y de jóvenes, de hombres y mujeres, de niños con los ojos absortos por una capacidad de sorpresa todavía virgen. Observaba uno las riadas humanas que iban Dato y Oriente arriba, que bajaban de la Gran Plaza o entraban por Santa Justa y se llegaba a la conclusión de que el fútbol tiene un poder de convocatoria único y una fuerza inigualable para unir y desunir voluntades, afectos, filias y fobias. Lo comprobábamos una vez más el miércoles y no sólo por Nervión; tremendo.

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