crónica personal

Pilar Cernuda

El futuro de Camps

LA satisfacción en el PP es infinita y se comprende, el ex presidente de la Generalitat ha sufrido un calvario en los tres últimos años, su prestigio quedó seriamente dañado y ha recibido toda clase de insultos, hasta el punto de que le ha costado salir a la calle; aunque también le ha cabido la satisfacción de que, cuando lo hacía, un gran número de valencianos le transmitían su ánimo para que luchara por demostrar su inocencia. Lo ha hecho, o al menos cinco miembros de los nueve del jurado popular han considerado que no existían pruebas suficientes que demostraran que había cometido cohecho impropio. Cosa distinta es que, una vez proclamada su inocencia y a expensas de que se presente algún recurso ante una instancia superior, Camps pueda tener nuevamente protagonismo político.

Camps aspira a regresar a la política activa por la puerta grande. Un serio problema para Mariano Rajoy y para Cospedal, que tanto insistieron, los dos, para que abandonara la Generalitat para defenderse mejor y sobre todo para no dañar aún más la imagen del partido. Lo hizo, tarde pero lo hizo, y a las pocas horas de conocer el veredicto del jurado se empezaron a escuchar ya las primeras voces que pedían que el PP colocara nuevamente a Camps al frente de la Generalitat a través de un pacto con Fabra -no hay que olvidar que Camps no renunció a su escaño y por tanto puede ser reelegido por sus compañeros- o a través de una moción de censura si Alberto Fabra se resiste a hacerlo.

Sería un disparate. Camps ha sido absuelto pero su comportamiento ético deja mucho que desear. Ha antepuesto sus intereses a los del PP, y además su actitud durante el juicio ha sido desquiciante para quienes consideran que un cargo institucional debe mantener la compostura incluso en los peores momentos. Es inaudito que el presidente del tribunal haya tenido que llamarle la atención a diario, e incluso amenazarle con el desalojo de la sala. Y la prepotencia con que se presenta desde que conoció la absolución demuestra que actúa influenciado por el rencor, y así no hay profesional, de ningún sector, que llegue a buen puerto.

Merece algún tipo de compensación por el daño sufrido; él quiere un homenaje de su partido y es posible que se le organice. Y merece también que se le compense con algún cargo que visualice que es del PP y se le quiere en el PP, aunque no parece apropiado un ministerio a pesar de que desde su entorno ya se dice que es lo menos que se le puede dar.

La verdad, visto lo visto, Camps no parece un hombre con una importante carrera política por delante, ha cometido errores muy graves a pesar de la absolución. La pelota está en el tejado de Rajoy y de Cospedal, pero se equivocarían si lo convirtieran en adalid de la lucha contra una justicia injusta y le colocaran en un cuadro de honor. Seguro que existen términos medios.

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