Editorial

El futuro de los chiringuitos

EL secretario de Estado de Política Territorial, Gaspar Zarrías, ha anunciado un nuevo calendario para acordar con la Junta de Andalucía las transferencias de los usos en la zona de dominio público marítimo-terrestre, que en la práctica supondrá la regulación por parte de la Administración autonómica de los establecimientos de playa que se asientan sobre la arena, después de la agria polémica generada por el Ministerio de Medio Ambiente, que pretendía endurecer las condiciones para permitir la permanencia de estos restaurantes playeros, los populares chiringuitos. Este mismo mes debe reunirse en Málaga la comisión mixta de transferencias para avanzar un acuerdo que debería firmarse en enero, un año después de lo previsto. Porque fue en marzo de 2009 cuando el Ejecutivo central anunció que aceptaba la petición del Gobierno de Griñán para traspasar esas responsabilidades en la materia, sin que hasta ahora hayan trascendido las dificultades que han obligado a ir demorando las fechas barajadas para consumar el proceso de descentralización. Hay que esperar y demandar que esta vez se cumplan los plazos fijados para despejar las incertidumbres de un sector fundamental para el turismo andaluz. También porque hay que esperar que el nuevo departamento del Gobierno andaluz que asuma la responsabilidad en la materia disponga de margen de tiempo para impulsar unos planes que consigan a medio y largo plazo la revalorización de estas instalaciones. Hay constancia de que el propio presidente Griñán considera que los chiringuitos suponen una oportunidad para conseguir su transformación en auténticos locales de lujo que sirvan de punta de lanza de la gastronomía andaluza. Además, es necesario que también se adopten las decisiones necesarias para impedir los abusos por parte de algunos chiringuiteros en la ocupación indebida de algunos espacios del litoral público. Y todo ello debe fraguarse antes de que dé inicio la temporada de 2011. Los propios empresarios ven en la llegada de la Junta la oportunidad para explorar otros usos en las playas de cara a satisfacer unas necesidades de un turismo que cada vez demanda más seguridad, mayor limpieza y mejores oportunidades de ocio. El sol y la playa es un sector maduro, pero arrastra cada año a millones de visitantes a todo el litoral andaluz.

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