Desde mi córner

Luis Carlos Peris

El futuro ha llegado y para mañana es tarde

CALIFICADA como excesiva la explosión de júbilo que se desencadenó antier noche en Heliópolis tras el gol que hizo el holandés de apellido impronunciable convendría abundar y decir que cada uno celebra sus cosas como le da la gana. Ítem más, en este desgraciado decenio que está viviendo el Betis, por siempre y para siempre Real Betis Balompié, cada alegría se acoge como algo a lo que no se está acostumbrado y, claro, pasa lo que pasa.

Y ahora procede pensar en el futuro. Sabiéndose ya, antes de lo que se preveía cuando pasó el Éibar como pasaba el caballo de Atila, dónde va a estar el equipo el próximo curso para mañana es tarde lo de coger al toro de una planificación adecuada por los mismísimos cuernos, dicho sea sin ánimo de ofender. Aunque resta algún compromiso para el sustento del apartado sentimental, pensar en el próximo curso es de obligado cumplimiento para no caer en errores parecidos.

Lo primero es que, sabiendo que el curso se presenta como el de más pingües ingresos en la historia del club, hay que dar con el hombre adecuado para que tome el timón del apartado deportivo. Y en esa premisa, la obligatoriedad de que director deportivo y entrenador vayan de la mano. Pero que vayan de la mano de verdad y no como ha ocurrido repetidamente en los últimos años, que una cosa era lo que se declaraba en público y otra muy distinta la confianza mutua.

Más bien desconfianza mutua que fue dejando cadáveres en las cunetas a la par que dibujaba unos posicionamientos antagónicos en el beticismo que se nutre de lo que se publica. Director deportivo y entrenador como en un ejército simbiótico para una eficiencia indudable. Es la primera obligación de los actuales dirigentes para que se haga realidad ese ideario de buenas intenciones que predica el dúo Haro&Catalán todos los días y sin que nadie pregunte.

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