LA OTRA TELE

Hyde /

Los galones de Terry O'Quinn

HASTA hace relativamente poco al veterano actor Terry O'Quinn lo tenían encasillado siempre en el mismo papel: oficial militar, habitualmente de alta graduación, o jefe tocanarices del FBI, la CIA o cualquiera de esas agencias estatales ultrasecretas americanas. Basta un rápido repaso por la amplia filmografía del intérprete, que recién cumplidos los 60 acumula 102 títulos, para comprobar que, salvo soldado raso, ha ocupado prácticamente todos los puestos en el escalafón. Puede que sea su calva o su peculiar rostro que transmite confianza y seguridad. Porque tiene cara de mandar. Ha sido varias veces general (El Ala Oeste de la Casa Blanca y Harsh Realm) y almirante (JAG. Alerta Roja, Star Trek la nueva generación y en el telefilme Visiones de un asesinato). Pero también coronel (Navy: Investigación Criminal y Espías sin fronteras), comandante (Hawaii 5.0), capitán, mayor, teniente (Expediente X) y sargento. Fuera del ejército, ha encarnado a varios sheriffs, a un director adjunto del FBI (Alias) e incluso a un fugaz comandante en jefe, como presidente de Estados Unidos en la resistencia a los alienígenas en Falling skies. Pero aunque ha seguido encarnando esos papeles, ahora mucho mejor pagados y como estrella invitada, todo cambió en la carrera de O'Quinn con Perdidos. Su John Locke, uno de los personajes más poderosos, conflictivos e inquietantes de la exitosa serie, era tan protagonista como el que más. El domingo, la ABC volvió a darle 'galones' al actor, con una serie en la que constituye el principal reclamo: encarna al mismísimo demonio en 666 Park Avenue. Y aunque de momento sólo se ha emitido el piloto, con una audiencia no muy llamativa, podemos confesar que el papel le sienta como anillo al dedo. O'Quinn interpreta al diablo en la piel de un empresario inmobiliario neoyorquino, dueño de un gran y viejo edificio de la calle más cara de la Gran Manzana, donde alquila apartamentos y desde donde va concediendo deseos, comprando almas.

Aunque hay que tener cuidado con los primeros juicios de valor, un piloto suele dar pistas de lo que vendrá en el futuro. Y de momento apostamos que 666 Park Avenue no será una gran serie por lo previsible de su guión, pero se adivina una buena factura y unas dosis de entretenimiento suficientes como para seguir viéndola. Recuerda algo a El abogado del diablo, esa película que tampoco fue gran cosa de Al Pacino y Keanu Reeves, y se antoja una competencia 'light' a la más extrema American Horror Story. Puede que estos argumentos no tienten demasiado. Lo suyo es que vean a O'Quinn de demonio y comprueben si les seduce su oferta.

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