Palabra en el tiempo

Alejandro V. García

La 'gestapillo' de Madrid

LA existencia de una trama de compraventa de favores al servicio de un partido nunca ha supuesto un problema para la estabilidad electoral del PP. Sus votantes de Valencia o Madrid han demostrado que tienen el estómago lo suficientemente encallecido para tragar bolas de plomo con tal de liquidar al adversario. El problema decisivo del PP no es Francisco Correa ni los trajes de Camps (para eso están los jueces afines) ni los bolsos de Rita, sino lo que subyace más allá del manto aparente de la corrupción: el enfrentamiento feroz entre los seguidores de Aguirre y los de Rajoy. Sólo la erupción de los odios y la indisciplina, la manifestación del aborrecimiento y la aversión causados por el pulso de poder entre los elementos de la derecha puede realmente menoscabar los intereses del partido.

Ayer fue en este sentido un día pésimo. Las muy reflexionadas declaraciones a El País de Manuel Cobo, vicealcalde de Madrid y hombre leal ciento por cien a Ruiz Gallardón, a propósito de la guerra por la presidencia de la caja de ahorros madrileña, han desgarrado la corteza que cubría la batalla subterránea entre las dos facciones y el chorro de escoria ha llegado hasta la estratosfera.

He aquí un puñado de ejemplos de las declaraciones de Cobo respecto a las huestes de Esperanza Aguirre: "Quieren negar a mi partido, a la dirección nacional y a Rajoy cualquier opinión y criterio en este asunto". Lo que hacen las traíllas "es de vómito y más si viene de aquellas personas cercanas, hoy, a Esperanza Aguirre, presidenta de mi partido en Madrid, que deben a Rodrigo Rato todo lo que son". Y más: acusa a los agentes de la presidenta de Madrid de montar una gestapillo para obtener información que luego es utilizada para chantajes. Y anticipa cuál será la reacción a sus declaraciones: "No contraargumentarán, sacarán la brigada acorazada y buscarán, como se hacía en el fascismo y el comunismo, algo de mí, de Gallardón o de mi familia que sea difamatorio o injurioso".

Hasta el caso Gürtel, previamente desembarrado de las salpicaduras propias, está siendo utilizado por los aguirristas y sus medios afines para demostrar la debilidad de Rajoy. El afán por aclarar desde los medios conservadores la situación de Ricardo Costa, alojado en un extraño limbo que, negando el principio de identidad, permite ser y no ser a la vez secretario del partido, no es sino un arma para resaltar la flojedad y falta de criterio de Rajoy. Las tibias explicaciones dadas ayer por María Dolores de Cospedal ante las palabras de Cobo y el apoyo de Ruiz Galardón confirman tales carencias.

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