el poliedro

José / Ignacio Rufino

l a goleada os sienta tan bien

Las severas derrotas de los ganadores oficiales Barça y Madrid son una cura de humildad y una fuente de metáforas

ESTA semana, nuestros gladiadores del Madrid y del Barça han sido masacrados en las arenas de los coliseos germánicos. Tuvieron dos malas tardes, una por barba y cuerpo tatuado; como no es probable que estuvieran agotados por una temporada de decenas de escabechinas de trámite en el torneo nacional, seguramente se les encogió el alma porque, con tanta coba mediática y tan fatuo encumbramiento, los hispanos y sus compañeros mercenarios se han ablandado. Nada más lejano su papelón al de Máximo, el gladiator también hispano que protagonizó Russell Crowe para un gran Ridley Scott. Parecían niños de colegio pijo contra aguerridos callejeros de periferia jaleados por sus vociferantes parientes en la grada. Las huestes alemanas -en sentido muy amplio, pues amplia era la morenez y la poloneidad en el Borussia y en el Bayern- se pasaron por la piedra a los que hasta hace cuatro días eran los dos mejores equipos del mundo. Asumiendo de antemano que el fútbol es una excelente pero aun más manida metáfora de muchos aspectos de la vida, y que este recurso toca ya bastante la nariz a mucha gente, decenas de chascarrillos, fotomontajes y extrapolaciones referidas a las relaciones hispano-alemanas actuales han invadido las redes sociales y los medios de comunicación (una de ellas, con Cristiano, Messi y Rajoy asomando apenas los ojitos aterrorizados por una trinchera, preguntándose "¿Se han ido ya los alemanes...?" es para mí la mejor). Y es que, la verdad, la debacle suele dar mucho juego.

Igual que a Merkel le hizo el trabajo sucio de su reconversión nacional un enémigo interior (el socialdemócrata Schroeder y su Agenda 2010, que estremeció al país a base de recortes sociales antes de 2006, aunque con la fortuna de coincidir con una fase expansiva del ciclo global, lo que convirtió a Alemania en campeona mundial de las exportaciones), también el fútbol alemán se reconvirtió antes que el nuestro, y esta infausta semana que ha hermanado en la desgracia a culés y merengues puede muy bien haber sido la del punto de inflexión del batacazo de nuestro fútbol. Da coraje, lo sé, pero es así. Hay que asumirlo. Columnistas de esta casa como León Lasa y Cayetano García-Borbolla han glosado el escenario del fútbol español inflacionado y ante el abismo, por lo que sólo diremos aquí que, probablemente, la avaricia de los dos clubes grandes-grandísimos de este país, unida a la comodidad informativa centralista catalana y madrileña, han propiciado la emergente situación del fútbol alemán. Una bundesliga que presenta los rasgos que, si nuestro deporte rey subsiste, deberá buscar una vez pasado el calvario tras ver estallar la burbuja televisiva y de salarios de los peloteros. ¿Les suena? Pues paralelismo agotado.

Podemos tirar del chicle de la comparación, y elucubrar sobre si la primera declaración que se recuerda a Merkel acerca de la política monetaria del BCE no tendrá que ver con esa soberbia suavizada por la victoria ante los insolentes nuevos ricos del fútbol español. La canciller no dice en público lo que el BCE tiene que hacer con los tipos de interés que tanto afectan a nuestra hipoteca, simplemente dispone detrás del escenario. El jueves, sin embargo, Merkel se vino arriba ante los micrófonos, y se sintió magnánima por un día: "Prefiero que el BCE suba los tipos de interés porque conviene a Alemania... pero para otros países realmente debería hacer lo contrario para que hubiera liquidez disponible para la financiación de empresas" (y, de paso, que no nos suban la cuota de la hipoteca). Gracias, Angela, eres un ángel. No nos des más tormento. Deja los tipos de interés, permítete un riesgo de inflación que, seguramente, para nuestra maltrecha economía particular sería muy benéfica. No ganes siempre por goleada.

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