Editorial

Otro golpe a la cúpula de ETA

NO hay que echar las campanas al vuelo, porque cada vez que se ha asestado un golpe a la cúpula de ETA los capturados han sido sustituidos por otros, quizás menos preparados, pero igual o más sanguinarios. Pero también los españoles debemos ser conscientes de que la hidra pierde con cada redada y que los autores de cada asesinato terminan, tarde o temprano (desde hace años, cada vez más temprano) detenidos por las Fuerzas de Seguridad del Estado, con la inestimable colaboración de Francia, y puestos a disposición de la Justicia. La operación realizada anteanoche en Burdeos no es una operación más. "Se ha detenido posiblemente a la persona con más peso político y militar en la banda terrorista", ha podido declarar el ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, el hombre que ha impulsado la lucha antiterrorista en un contexto nuevo, caracterizado por la liquidación de los intentos negociadores de la legislatura anterior y la recobrada unidad entre los partidos democráticos, singularmente el PSOE y el PP, que es la base ineludible para la deslegitimación total de la organización etarra y su desarticulación definitiva. Hoy ésta se encuentra más cercana que ayer. La alusión de Rubalcaba a Francisco Javier López Peña, alias Thierry, se basa en las informaciones que le sitúan a la cabeza de la banda tras el arresto de Mikel Antza y Soledad Iparaguirre, Amboto. La entidad de la redada se completa con el abundante material informático requisado, los coches de que disponía el grupo, ya preparados para atentar, las armas y documentación falsa intervenidas. Extremadamente debilitada en el ámbito operativo, cercenadas sus posibilidades de actuación política a través de las organizaciones-pantalla tradicionales y aisladas por completo en la sociedad vasca, ETA asiste a la fase final de su siniestra existencia. Desde el punto de vista histórico y político no es exagerado afirmar que ha perdido la guerra que declaró unilateralmente, lo que es compatible con la posibilidad de que siga sembrando dolor y muerte durante cierto tiempo.

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