Crónica personal

Pilar Cernuda

La gran cita

QUE no nos defraude, que nos haga sentirnos orgullosos de tenerle como presidente, de representarnos bien en una reunión a la que asisten los "grandes" del mundo.

Que dé la talla, sabe y puede hacerlo si no se deja llevar por demagogias, prejuicios ridículos, ideas preconcebidas no siempre acertadas y complejos que siguen ahí aunque debería haberlos superado después de cuatro años largos de gobernante. Que aproveche la reunión para demostrar que España es un gran país, que ha dado ejemplo en muchos aspectos y en muchos campos distintos, empezando por la fortaleza de su sistema financiero, ahora que tantos otros sistemas se han venido abajo porque los mecanismos de control no funcionaron con suficiente eficacia, sumiendo al mundo en una crisis de muy graves consecuencias. Que a Zapatero no se le ocurra sacar pecho en la reunión de Washington, que asuma que está ahí porque Sarkozy quiso que estuviera, y esa pirueta diplomática no ha sentado bien a muchos de los miembros del G-30; la prueba del malestar es que finalmente ha sido necesario dar luz verde a Holanda para estar también en Washington. Y, por cierto, que no olvide Zapatero que si todo transcurre como marcan las normas europeas, Sarkozy dejará de ser presidente de turno el 31 de diciembre. Se acaba el padrinazgo.

Que no se equivoque Zapatero, Bush ha aceptado su presencia porque le queda un cuarto de hora en la Casa Blanca, pero incluso en su aceptación hay un tono que obliga a estar en guardia; más vale no mostrarse sobrado ante el presidente americano con la idea de que con Obama todo va a ser camino de rosas. Obama es ciudadano de Estados Unidos, y los ciudadanos de Estados Unidos no pasan ni una a quien no respeta a su país. Todo irá bien si Zapatero reconsidera determinadas posiciones despectivas hacia ese país; en caso contrario, el hoy amigo Obama no dudará en marcar distancias con el Gobierno de Zapatero.

Estar en Washington es un triunfo, Zapatero y su equipo trabajaron de forma eficaz para conseguirlo y el resultado ha sido el que todo el mundo deseaba. Pero cuidado con los triunfalismos irritantes, cuidado con confundir los mensajes que se deben transmitir en la reunión y cuidado con abrir demasiadas expectativas. No es fácil que de esa reunión salgan acuerdos de relevancia máxima, lo lógico es que se pongan en marcha mecanismos de trabajo para que los equipos económicos puedan alcanzarlos en el futuro. España se juega mucho en ese encuentro, todo: la credibilidad de Zapatero y la posibilidad, si se gana el respeto de todos, de que se cuente con España en futuras reuniones del G-30. Que ya no sería G-30.

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