Por si acaso

pablo / gutiérrez-alviz

El gran impostor

JAVIER Cercas, en su último libro, El impostor, novela el caso real del catalán Enric Marco y asegura que este tipo de persona crea su falsa identidad para ser querido y admirado, y lo consigue con grandes mentiras que se fabrican a base de pequeñas verdades, porque la ficción salva y la realidad mata. Jordi Pujol se montó un personaje de hombre muy familiar, como de sencillo payés o modesto comerciante, sin ambiciones económicas y con gran sentido de Estado, pero altanero representante de su tierra.

Aprovechó durante muchísimos años la debilidad de los gobiernos de España para el chantaje político permanente, blindando la corrupción institucional y otros escándalos de la Generalidad (casos Pretoria, ITV, comisiones en contratas…) con el cómplice silencio de su prensa adicta. Y ahora resulta que, desde principios de los ochenta, tiene una fortuna (inicialmente 150 millones de pesetas) oculta en el extranjero: ha engañado al Fisco (Impuesto de Sucesiones, de IRPF y también de Patrimonio, en buena parte cedidos a Cataluña) y a todo su electorado. Y al resto de España al hacerse independentista.

Como buen político, tiene respuesta para todo y, estafando a su única hermana, dice que la pasta procede de una especie de legado de su padre a favor de su mujer y de sus hijos. El problema es que no puede aportar ningún documento que lo justifique. Días pasados, en el interrogatorio judicial que sufrió, llegó a confesar que siempre se desentendió del asunto: era como una hucha para asegurar el futuro de su esposa y sus descendientes y que la administraba un amigo de confianza. Al final tomó el negocio un hijo que multiplicó el ficticio legado, con variadas operaciones de tráfico de influencias muy familiares, hasta un patrimonio de 1.800 millones de euros. Una de las diez mayores fortunas de España. La realidad y el tabaco matan.

Enric Marco, el personaje del libro, al verse descubierto como gran embustero, suplica al autor que le admita alguna pequeña verdad:

-Por favor, déjame algo.

Me temo que con todas las cautelas y maniobras procesales, las rogatorias y el secreto bancario, las sociedades interpuestas y la prescripción por los años transcurridos, Pujol, el pequeño y soberbio gran impostor, no va a pedir nada: directamente se quedará con la hucha entera. Eso sí, como un sacrificio por el clan familiar y por Cataluña. Como siempre.

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