Desde mi córner

Luis Carlos Peris

Una gran noticia, aun con reparos

El España-Inglaterra en Sevilla sería para alegrarse si no fuese por las circunstancias de que viene rodeado

SEVILLA nuevamente como casa de la selección, de esa selección que asombra al mundo y que vive una resaca de vino y de rosas tras su campanazo en el Prater este verano. Sevilla, de nuevo como escenario del equipo nacional es una noticia para el alborozo si no fuese porque llega por un camino vergonzante. El España-Inglaterra que va a jugarse en Nervión estaba previsto para el Bernabéu, pero los ingleses desempolvaron unos agravios racistas que luego desmintieron, sí, pero que sirvieron para que se saliesen con la suya y el partido del 11 de febrero no se celebre en el coliseo de la Castellana, sino en otro sitio.

Afortunadamente, ese otro sitio es nuestra ciudad y eso sería de agradecer si el camino para esta consecución no hubiese resultado tan tortuoso. Se juega en Sevilla y no en la Cartuja, sino en el campo donde nació el jugador número doce. Dicen en la Española que se desechó el olímpico por el estado del césped y que de Heliópolis ni se habló por la insuficiencia del palco de honor. Por lo visto, a la presencia de directivos se une una legión de patrocinadores y a ese signo de progreso -jo con el progreso- no se adaptaron los que rigen los destinos del Real Betis Balompié, por lo que habrá que descartar que España vuelva algún día al escenario del 12-1 a Malta.

Hace ocho años que España no viene a Sevilla y trece que no juega en Nervión, por lo que ahora es bienvenido el mejor combinado nacional del mundo, campeón de Europa y rey del juego más bonito que imaginarse pueda. Es una gran noticia que el equipo español, que no viene por aquí desde que lo entrenaba Camacho, vuelva por la ciudad que amadrinó el proceso regenerativo que necesitaba tras el fiasco del Mundial del 82. Demasiados años sin venir y lo hace para un amistoso, pero es ante Inglaterra y jugar contra los inventores de este juego siempre da lustre. El único pero es que el fin no siempre justifica los medios y los medios que mediaron no son de recibo.

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