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Rafael / Padilla

Una gravosa carga

EL pasado día 1, los españoles celebramos el Día de Liberación Fiscal, esto es, aquél hasta el que la media de los ciudadanos trabaja únicamente para pagar a Hacienda. ¿Les parece una barbaridad? Pues no se quejen, en el 2014 tan feliz evento no se produjo hasta el 3 de julio. Los datos nos los suministra, en informe recién aparecido, el think tank Civismo: un trabajador con un sueldo anual de 24.400 euros brutos dedica 182 días de trabajo al año al cumplimiento de sus obligaciones tributarias y, sólo una vez transcurridos éstos, empieza a generar ingresos para su libérrimo disfrute. Alumbra el desglose de tal embargo: de los 182 días de marras, el trabajador necesita 102 para pagar las cotizaciones a la Seguridad Social, 38 para el IRPF, 25 para hacer frente al IVA, 11,5 para sufragar los impuestos especiales y, al cabo, 5,5 días para pagar otros impuestos. Como señala Cristina Berechet, jefa de investigación de Civismo, "el Estado se lleva la mitad de la renta de los trabajadores, pero lo hace de una forma diseminada para que el contribuyente no se escandalice".

Vale, de acuerdo, es la carga exigida para lubricar una sociedad avanzada, pero nuestro esfuerzo ¿en qué posición se coloca respecto del de los demás países de nuestro entorno? Aquí sí que empiezan las sorpresas: según explica Civismo, un sueldo neto de 1.679 euros paga en España un tipo impositivo real del 40,71%, lo que sitúa al españolito cumplidor al mismo nivel que el del cotizante de Finlandia (43,90%) o de Suecia (42,46%). Dinamarca y Noruega, teóricos paladines de la apretura, se quedan, de hecho, por debajo (38,07% y 37,03%, respectivamente). Ya muy lejos, británicos (31,09%) e irlandeses (28,18%) disfrutan de un desahogo, para nosotros, envidiable.

La conclusión se la dejo al propio informe: "Una vez más, la fiscalidad española queda en evidencia por gravar las rentas medias y bajas muy por encima del nivel correspondiente. Los españoles no somos mileuristas, sino que Hacienda se queda con un porcentaje mayor de nuestro dinero. Esta mordida duele más porque tenemos una renta inferior a la del resto de los países de la UE".

¿Somos conscientes del disparate? Diríase que no. Aumentan las voces que propugnan una elevación de la presión fiscal. Ignoran -o a lo peor no- que no queda lejos el instante en el que nos saldrá a cuenta el mandarlo todo al diablo y el quedarnos, con algo de suerte pensionados, tan ricamente en casa.

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