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Los gritos de los comentaristas

CONFIESO que hasta ayer sólo conocía a dos o tres Pirri. Uno fue una gran estrella de lo más racial en el Real Madrid y los otros futbolistas menores que comieron del fútbol en equipos de Primera División, léase Mérida u Oviedo por ejemplo. Sin embargo, en este domingo de patriotismo deportivo también quise que aquellos dos comentaristas tan gritones anunciaran que quien había protagonizado el tocado era el español. Porque verlos, seguro que como todos, tampoco los apreciaba en primera instancia. Es lo que tiene la esgrima, que sólo se conoce el resultado cuando uno de los dos tiradores celebra que ha tenido éxito en su empeño.

Es el producto de los sentimientos que llega a generar el deporte en unos Juegos Olímpicos, de ese nacionalismo a ultranza que se desata durante un par de semanas para alegrarnos a todos porque alguien nacido en Madrid es capaz de colgarse al cuello una medalla de bronce en una modalidad como la esgrima. Ahora bien, se ignora a quien se queda en el umbral del podio, como esa judoka llamada Carrascosa a la que tuve que ver llorar en directo por el dolor que le provocaba su hombro en un canal del satélite hotbird llamado Stream. La televisión española, mientras, parecía que emitía para Buenos Aires en esos instantes. Argentina-Australia en TVE 1 y Argentina-Lituania en Teledeporte. Si hubiera ganado Carrascosa a la coreana, estaría a un paso del bronce. ¿Habrían puesto los gritos de los comentaristas en diferido?

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