Desde mi córner

Luis Carlos Peris

El guardameta como víctima

HAY que convencerse de una vez que para la International Board, ese ente cuasi fantasmagórico que ordena las reglas del fútbol, el portero es el malo de la película. Desde que el fútbol es fútbol, dicho organismo sólo ha protegido la figura del guardameta cuando dijo que se castigaba con falta todo contacto con él en su área, el área chica. Lo demás sólo ha sido ir poniéndole chinitas en el camino para dificultar una labor de por sí difícil.

Al portero se le llevó a la posibilidad de hacer el rídículo ante la prohibición de coger con las manos la cesión de sus compañeros con el pie. Eso, la verdad, estuvo bien, pues en el recuerdo están aquellas cesiones continuadas que el portero alargaba mediante esperar a que le acosasen para coger la pelota. Era un lance fraudulento que llegaba a dar sensación de estafa al espectador, por lo que fue medida bien recibida castigar al arquero que incurriese en dicha argucia.

Esa innovación propició la visión de porteros que caían en la jaimitada cada vez que tenían que jugar con el pie. Téngase en cuenta que la mayoría de los porteros eligieron esa posición porque Dios no los había llamado por los caminos de la pericia en el manejo del balón con los pies. Fue bueno para el espectáculo y malo para unos guardametas que clamaron en el desierto por dicha orden, pero es que la International Board se ha ensañado ahora con el gremio.

Si ya la barrera impide en ocasiones la visión de la pelota en el inicio de su trayectoria, que un rival se te coloque en la trayectoria es una dificultad añadida que no venía a cuento. Mejor sería que se obligase a los árbitros a que dichas barreras se quedasen a los 9,15 metros que marca la norma y no que vayan acercándose hasta quedar a seis o siete. Eso sí sería autentificar el partido, pero lo de hacerle la enésima putada al honrado gremio de guardametas...

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