Visto y oído

Antonio Sempere

De guardia

FUE una de las piezas obligadas de los informativos del último día del año. Dedicar unos minutos a mostrar a aquellas personas que trabajan para que otros podamos disfrutar. Pudimos ver al jefe de servicio de urgencias del hospital Gregorio Marañón. Habló de resignación. Pensaba llevar la guardia con toda la resignación del mundo. También compareció ante las pantallas Gisela, que interpreta a Sandy en el musical 'Grease'. Es una de las tradiciones más hermosas del teatro. Celebrar representaciones durante la Nochevieja. Parar la función para tomar las uvas, y concluirla poco después.

Nunca he entendido muy bien la admiración hacia todos estos seres, para mí, afortunados. Es mucho mejor estar ocupado que preocupado. Comprendo que puede ser un incordio estar de guardia para aquellos que se dedican a aquellos trabajos delicados, por ejemplos los vigilantes de la seguridad que tienen que soportar más de una impertinencia. Pero en estos casos el problema no deriva de trabajar las Nochebuenas ni las Nocheviejas, sino en el hecho de dedicarse a semejante labor cualquier día del año. Que te paguen por soportar impertinencias tiene que abocar, siempre, a la desesperación. En casi todos los demás casos, y más todavía en los de todo un jefe de urgencias de un centro médico como el Marañón o el de una artista como Gisela, ocupar la última noche del año como lo hicieron fue poco menos que una bendición. En cuanto se aporta una chispa vocacional a lo que se hace, todo es grato. Si, como en los casos a los que aludo, existe algo más que una chispa, con más motivo. Para que me entiendan: también aparecieron en la pieza unos chinos que vendían en una tienda de las que no cierran nunca. Esos lo tuvieron peor.

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