La tribuna

M. Ramón Llamas

El guirigay del agua y la Expo

CON motivo de las situaciones creadas por la actuación del tripartito de Cataluña ante el temor a que Barcelona tenga en breve restricciones en su suministro de agua urbana se han oído de nuevo voces de distintos orígenes pidiendo que haya un pacto de Estado sobre los temas hídricos entre los principales partidos políticos.

Estoy totalmente de acuerdo con esa propuesta. Entre otras razones porque no deseo que mi país haga un sonado ridículo internacional si esta situación no se arregla antes de la tan anunciada Expoagua, que va a comenzar dentro de muy pocos meses en Zaragoza. ¿Qué autoridad a escala mundial podría tener la programada Carta del Agua de Zaragoza? Este documento pretende ser una declaración sobre el modo de realizar una buena gestión de este precioso recurso. Lógicamente, los que lo lean dirán: señores españoles, aplíquense aquello de "médico, cúrate a ti mismo"

La probabilidad de que ese pacto de Estado se logre en tan poco tiempo no es grande, pero convendría intentarlo. Los principales vicios o males de nuestra incoherente y, a veces, hipócrita política del agua tienen años de existencia. Los he expuesto repetidas veces en los medios de comunicación en los últimos años, y ahora los repito de forma muy sucinta.

El primero es la falta de veracidad en las declaraciones de casi todos los altos responsables de esa política del agua. Cada día podemos leer, ver u oír medias verdades que son las peores mentiras. Se suele apelar exageradamente al sentimentalismo, a la solidaridad, al victimismo. Por el contrario, muy rara vez se dan datos transparentes, cuantificables y comprobables sobre temas en cuestión con frecuencia tan sencillos e importantes como la superficie real de los regadíos y sus dotaciones hídricas. Otro aspecto muy relevante es que los inventarios, registros y catálogos de derechos de agua, especialmente en lo que se refiere a las aguas subterráneas, son un auténtico caos; y esto después de más de veintidós años de la Ley de Aguas, promulgada en 1985. Esos registros y catálogos, además, tenían que ser públicos.

El segundo, y quizá más importante, vicio de nuestra política del agua radica en que prácticamente ningún alto cargo menciona la necesidad de acabar con las subvenciones para las infraestructuras hidráulicas. Subvenciones que hoy, además de ser perversas, pues van contra la economía y el medio ambiente, están en contra el espíritu y la letra de la Directiva Marco del Agua, Esta Directiva es la legislación de aguas de la Unión Europea, y es de obligado cumplimiento para España desde el año 2000. Los políticos, salvo contadas excepciones, hacen demagogia con el dinero público en sus propuestas de solucionar los problemas o conflictos hídricos. De este modo intentan, y muchas veces lo consiguen, ganar votos para su partido, pero en lugar de arreglar los conflictos provocan más crispación.

Una tercera causa importante y radical de los actuales conflictos sociales es el estrepitoso fracaso de la Ley de Aguas de 1985 para ordenar la gestión de las aguas subterráneas. Esta ley fue promulgada por el Gobierno socialista y mantenida por el Gobierno popular prácticamente sin cambios. Este fracaso ha trascendido a nuestras fronteras. Habrá que ver cómo nuestros políticos y gestores del agua intentan justificarlo en la Expoagua de Zaragoza. No se trata de un tema baladí. Con toda probabilidad el valor económico del regadío con aguas subterráneas es superior al del regadío con agua superficial, aunque el volumen de agua subterránea utilizado sea sólo una tercera o cuarta parte del volumen de agua superficial empleada en el regadío español

Y en último lugar, pero no menos importante, son los poderes atribuidos a la Generalitat de Cataluña en el Estatuto de dicha Comunidad: ese Estatuto, independientemente de que sea o no anticonstitucional, ha sido un catalizador que ha conducido a que casi todas las Comunidades Autónomas, al grito de "El agua es mía", hayan introducido en sus respectivos Estatutos cláusulas que merman la autoridad de Gobierno central en los temas hídricos. La reciente negativa del presidente de Aragón al presidente de Cataluña a permitir el trasvase del Segre a Barcelona es sólo la punta del iceberg de los problemas que pueden aparecer en fechas próximas en otras Comunidades

En resumen, si no queremos que, además de hacer un ridículo internacional en la Expoagua, España se transforme en una especio de islámico reino de taifas, hace falta de modo urgente una gran dosis de transparencia por parte de nuestros responsables del agua, sean del partido que sean. Este es un paso previo imprescindible para llegar a ese deseable pacto de Estado sobre el agua.

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