Tribuna Económica

Rogelio / velasco

C hantajes y arbitrariedades

TODOS los países que contaron con imperios coloniales guardan una relación estrecha con sus antiguas colonias. El idioma heredado de la metrópoli facilita las relaciones culturales y económicas. Como la actual generación de directivos españoles carece de habilidades lingüísticas (aunque esté cambiando), los mercados latinoamericanos fueron los primeros hacia los que se dirigió la inversión española desde la década de los ochenta.

No todos los países son iguales. Un caso singular en el ámbito de la inversión extranjera es el de Argentina. En los años ochenta, la situación de las empresas gestionadas por el Estado era catastrófica. El gobierno no tuvo otra opción que privatizar a las grandes compañías de servicios públicos para que la luz no se fuera de manera continua, las llamadas telefónicas funcionaran o el agua pudiera llegar a los hogares.

Una vez realizada una inversión multimillonaria, las empresas se encuentran pilladas porque los costes irrecuperables de abandonar la actividad en el país resultan muy elevados. Una inversión realizada en los sectores en los que se ha invertido en Argentina requiere de unos diez años para ser amortizada. Como desde la inversión inicial se continúan haciendo mejoras en los servicios, ese periodo de diez años se proyecta hacia adelante continuamente.

Este proceso lo conocen los gobiernos. Si alguno de éstos desea hacerle daño a una empresa extranjera, puede perfectamente hacerlo utilizando los mecanismos regulatorios que gobiernan la actividad, ya sea congelando tarifas, obligando a realizar inversiones no previstas, etc.

En abril del año pasado, el gobierno argentino expropió el 51% de las acciones que Repsol tenía de YPF. El urdidor de toda la operación fue Axel Kicillof, que ha sido nombrado ministro de Economía hace unos días, después de la remodelación llevada a cabo en el gobierno.

Kicillof ha destacado, a nivel intelectual, por la interpretación asilvestrada que realiza de la obra de Keynes, que no tiene parangón en el mundo. Pero, sobre todo, por la forma de actuar impunemente a sabiendas que la madre patria va a mantener una actitud contenida, tanto por razones políticas, como por las inversiones que las empresas españolas han llevado a cabo en Argentina.

Parece que se ha llegado a un acuerdo entre el gobierno argentino y Repsol, por el que aquél le ofrece 5.000 millones de dólares (la mitad de lo que Repsol ha demandado), parte en efectivo y parte en bonos argentinos a largo plazo. Con independencia de que Repsol acepte el pago en bonos, que sería un disparate por el riesgo de impago, la operación tiene una lógica financiera.

Dado que la demanda impuesta por Repsol ante un organismo del Banco Mundial tardará unos diez años en producir una sentencia, financieramente puede ser mejor aceptar hoy 5.000 millones en lugar de 10.000 dentro de 10 años.

Las empresas españolas han modernizado todos los países de América Latina y, globalmente, han obtenido una rentabilidad positiva. Pero hay algunos países en los que ha ocurrido lo contrario y se ha debido a la actitud populista de los gobiernos que han atacado sin mesura a las empresas. Que no se quejen si dentro de unos años el teléfono no vuelve a funcionar o se quedan a oscuras nuevamente.

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