tiempos modernos

Bernardo Díaz Nosty

"Algo hemos hecho mal..."

EL [Griñán] lo niega, dice que no ve el final de una etapa muy larga de gobierno en Andalucía, cuyas prácticas políticas han sido asociadas, con frecuencia, a lo que se califica de régimen. Las filtraciones, sacacorchos que abre la botella opaca donde se cultiva la corrupción, van a continuar. No aceptar que se está al final de un ciclo, que es necesaria una regeneración, supone alargar la agonía y dar argumentos al rival político. A éste, sin necesidad de hacer públicas sus desconocidas propuestas, le bastará con certificar la defunción. Una visión pesimista, que no comparten quienes se lamen las heridas con bocanadas de complacencia, pero que es la percibida por amplios sectores del electorado socialista.

No es así, nos dicen, son campañas sistemáticas de acoso y derribo; daremos la vuelta a las encuestas; la gente siempre ha estado con nosotros… Pero no hay indicios de actividad regenerativa, y se percibe una resignación algo mitigada por el optimismo tenue de quien todo lo fía a la providencia. Ninguna corrección de las prácticas más denostadas. Indaguen los expertos qué separa la acción de gobierno de la opinión pública y apliquen un plan de choque. Acerquen la política a la calle, que es como dejar de viajar en preferente, aparcar los coches negros de lunas tintadas, escuchar y aceptar los reproches, corregir y pedir disculpas.

Falla la autocrítica, con excepción del apunte de Manuel Chaves, el último presidente electo en urnas: "Algo hemos hecho mal…". Sin autocrítica no es posible emprender la regeneración. Además, se necesita liderazgo, autoridad moral, credibilidad. Mirar a la calle y no sólo a los beneficiarios de las canonjías y los enchufes más simples. Entender la política con talante democrático y no derivarlo todo a la perversidad del rival, de modo que ante una denuncia lo grave no sea el delito en sí, sino la filtración y la intencionalidad política de la denuncia... Estos desahogos se le dan mejor a la derecha, y son bien soportadas por su electorado, como se comprueba con los enroques berlusconianos de Fabra, Camps y Cía.

El Gobierno de la Junta, desdibujado por el mal apagado de los fuegos, se quema al decirnos que todo va bien, que lo que percibimos son fantasías que nos quiere hacer ver una oposición pésima, que no tienen propuestas… El día a día no va en la dirección optimista de quienes creen que, por arte de magia, se puede doblegar la resolución de su electorado, el electorado socialista, y prolongar, sin contrapartida alguna, la vida de lo que por doquier se califica de régimen tocado del ala.

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