PASA LA VIDA

Juan Luis Pavón

La herencia del apestado

CUÁNTOS parabienes le dan ahora a Rafael Rebollar, el jubilado ecijano que ha ganado en los tribunales, con 68 años de retraso, el derecho a llevar el apellido de su padre y a ser copartícipe de su millonaria herencia. Qué distinto su agosto de 2010 al de otras épocas, cuando a ojos de la hipocresía social no era más que el hijo de una sirvienta con su señorito. El niño, el joven y el hombre condenado a las sobras del orden establecido, que no tenía derecho a ser reconocido por su padre ni por la familia de éste. Una criatura bastarda y repudiada, fruto del derecho de pernada de un labrador adinerado sobre las criadas. Ya saben cómo está el servicio, para lo que mande y disponga el amo. Pero al fin tenemos una legislación y unos jueces que igualan en derechos y obligaciones a quienes comparten ADN. Aunque no se puedan ni ver, por prejuicios y celos de toda índole.

Celebro la tenacidad de Rafael Rebollar para no morirse sin alcanzar legalmente su verdadera identidad. Es la justicia social que llama la atención por los millones de euros que están en juego. Vale más lo que remueve. El reconocimiento de veleidades conyugales, o la instauración de una doble vida dentro/fuera del matrimonio, puesta en pie de igualdad con la familia legítima a través de mandamientos judiciales que transgreden el parapeto del honor entendido como mecanismo de defensa frente al siempre deshonrado. Citaciones y juicios que hacen coincidir en día y hora a hermanos biológicos, en los que no se comparece porque se evita estar al mismo nivel que el hermanastro. Porque todo un modelo de relaciones sociales, y todo un mundo de tabúes personales, se desmorona si se reconsidera el pasado a ojos del presente.

Cuánta memoria histórica de machismo embarazoso hay sumergida en Sevilla y sus pueblos. Cuántas biografías sin apellido paterno marcadas por el repudio o la conmiseración vergonzante. Es la hora de que tengan pleitos y los ganen.

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